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Cómo te habíamos extrañado

22 Oct

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – ROSENBORG, 0

Hay cosas, y personas, sin las que uno puede vivir décadas y jamás las echará de menos. El alcalde de Valladolid, por ejemplo. Otras sin embargo, cuando faltan, te dejan ese desasosiego del que sabe que la vida tiene que ser otra cosa. Algo mucho mejor. Es lo que pasa con el Kun Agüero. En 25 minutos, un tipo bajito y cara de haber roto todos los platos, hizo felices las 45.000 personas que tenía más a mano y a todos a quienes pillaba lejos, pero lo vieron por la tele. Porque Agüero no provoca admiración por su talento sino ilusión por lo mágico que puede llegar a ser. Con él en el campo, el Atlético vive como si todo estuviera a su alcance.

Pero para eso tuvimos que esperar una hora y cinco minutos. Un tiempo que dedicamos a hacer garritas contra un equipo que malviviría en nuestra Segunda división. Si este es el club más laureado de su país, la liga noruega debe de ser un espectáculo apasionante. No habían llegado todavía algunos al campo cuando Forlán tuvo la más clara de su noche. Un centro que fue a rematar, hizo como si quisiera hacerlo, pero el balón pasó por él cómo el sol por el cristal, sin romperlo ni mancharlo. Por no hacer, ni lo desvió un poquito: le atravesó las piernas hasta llegar a un Simao que tuvo todo el tiempo del mundo para acomodársela y rematar, solo como estaba. Y lo hizo de pena. Minuto tres y nada de nada cuando un gol nos hubiera dejado el cuerpo, a esas alturas, como una sopita caliente.

Pero el Rosenborg hacía oposiciones al descalabro y daba tantas facilidades que hasta llegamos a ver una ruleta de Diego Costa. Sé que no me van a creer. No les culpo. Todavía sorprendidos, Simao decidió no sacar su trigesimoséptimo córner corto al primer palo del año y se la puso a Felipe Luis en el pico del área. Centro de un tío demasiado bueno para ser lateral que todos intentan rematar y al que nadie llega. Pero la pelota le cayó a Reyes, y bueno estaba perdonarles una; dos era un exceso: gran centro que remata Godín para poner el uno a cero y tranquilizar un poco el ambiente.

Eso en la teoría. En nuestra práctica, el Rosenborg se vino arriba y antes del descanso, nos dejó los sustos de un poste tras el achique carajote de Perea y Godín y de un tiro raso y con mala leche que obligó a estirarse al grandón de Joel. Después del 43 con el que De Gea ganó una UEFA, en ese afán que tenemos por confundir a nuestros porteros con líneas de la EMT, Joel iba con el 27: Embajadores – Plaza de Castilla.

Empezó la segunda parte y sin que lance alguno del juego lo justificara, la grada empezó a rugir. Que te aplaudan tras un jugadón el campo debe de ser la leche, que te ovacionen cuando correteas por la banda ya no puedo ni imaginarlo. Creerán que Forlán, que tenía toda la pinta de ser el sustituído apretó el paso, ¿no? Se equivocan, amigos. El uruguayo siguió a lo suyo, que esta noche fue lo de nadie y apenas volvió a mirar a portería para malrematar un gran centro de Diego Costa. Sí, igual la pareja de delanteros de este año acaba no siendo la prevista.

Llegados a este punto, olviden todo lo anterior, que sólo habla de un partido de fútbol.

Minuto 65, sale Agüero por Forlán.
65:25, Agüero roba una pelota en nuestro campo y se la pone a Diego Costa que tenía toda la banda izquieda para correr.
65:31, Costa se lía y el balón acaba en Simao listo para un centro.
65:37, el centro lo recoge Ujfalusi que se la deja en corto a Reyes.
65:41, Reyes, grande, enorme toda la noche, aguanta el balón lo indecible hasta que Agüero da el pasito adelante que tenía que dar.
65:43, Agüero recibe el pase, esquiva a dos defensas y marca el 2-0.

Se lo dije, lo de antes era fútbol. Esto ya es otra cosa.

Si el Kun necesitó 43 segundos para marcar su gol, sólo le hizo falta un toquecito para dejar claro que ha vuelto, que viene con ganas y que podrán frenarlo las lesiones, porque las defensas rivales se le han quedado cortas. Jugaba Reyes por la derecha un balón que terminó en el control extraño de Diego Costa en la frontal. A la segunda, acertó a ponérsela a Agüero y arrancó hacia portería sin ninguna fe. Era imposible que el balón le llegara, sólo sería posible si al recibirla, el Kun acertaba a hacer una perfecta vaselina de primeras que superase a la defensa y pudiera llegarle a él. No, era imposible. Todo eso iba pensando Diego Costa cuando vio que la pelota le llegaba a la cabeza, mansita, lista para rematar un poco, tampoco demasiado, y meter su cuarto gol en cinco partidos.

Era el remate a un partido que nos deja con mejor cara en la clasificación pero, sobre todo, con la certeza de que, como decía Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.

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Publicado por en 22 octubre 2010 en La pelotita

 

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