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El mes del divorcio

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – HÉRCULES, 1

Mayo, mes mundial del divorcio. Se divorcia la gente de la política, Quique de Forlán, el Atleti del fútbol… Bueno, esto último ya llevaba en cese temporal de convivencia varios años.

Nos llegó el Hércules ya de Segunda, teníamos que ganarles y a puntito estuvimos de complicarnos la existencia. Marcó Domínguez cuando ni nos habíamos sentado y empezamos a sestear. No esperando el final del partido, sino el gol visitante. Que a estas alturas, para sorprender al Manzanares hace falta esforzarse un poco más.

Y llegó. No en el inocentísimo penalti de Pulido, nuevo en esta plaza, sino gracias a la parada de De Gea, un poco más tarde. Nos empató un equipo de Segunda División y hasta que Agüero no arracó con el que puede ser uno de sus últimos arrebatos de orgullo en el Calderón, no nos volvimos a poner por delante. Su jugada la remató Reyes, que nos dejó ya en Europa y a falta de saber si jugamos la previa de la previa o sólo un partido a cara o cruz del que dependerá parte de nuestro prespuesto. Así de triste es todo.

 
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Publicado por en 17 mayo 2011 en Sin categoría

 

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La noche que volvimos

Me dirán que el horno no está para muchos bollos. Me da lo mismo. Hay unos cuantos culpables de las penas que a mediados de mayo de 2011 sufre mi Atleti. Todos sabemos quienes son y no les va a pasar nada porque les olvidemos un rato. Hoy es noche de alegrías y no vamos a regalarles la grandeza de amargárnosla.

Aquí debajo les saco de “El año que volvimos” el relato de esa noche en la que fuimos tan grandes como nadie.

Capítulo 65
El sueño más bonito del mundo

Más de cuatro horas estuvimos pasando de la euforia al drama. La mayoría de las veces sin motivo aparente. Como casi todo en este Atleti. Siete de la tarde, mirábamos al campo vacío y lo mismo nos veíamos campeones que llorando a moco tendido. Al final fueron las dos cosas, pero eso vendrá luego.

El Hamburgo Arena todavía sin un alma y Menottinto, Juanjo, otros compañeros de penurias y un servidor ya andábamos en el estadio deseando que todo llegara rápido o que se parase el reloj, según el rato. Pero el tiempo va a su bola, no hace caso de nuestra esquizofrenia y cuando quisimos darnos cuenta en el campo empezaba a pasar algo.

Nosotros, que aún nos acordamos del Nuevo Vivero, estábamos viendo el espectáculo previo de una final de la UEFA. Nada que envidiar a la Champions. Musica, coreografías y niños con banderas. Después de haber buscado augurios en plazas berlinesas, rótulos de Hamburgo o cervezas de St. Pauli, que el crío que llevaba la bandera del Atleti tropezara en mitad de la carrera nos dejó mirándonos con pánico en la grada. Joder, pronto empezamos.

Pero aquello no iba de niños ni de bienaventuranzas, así que tuvimos que fiarnos de los once tíos de rojiblanco que veíamos en el césped. De Gea, Ujfalusi, Perea, Domínguez, Antonio López, Assunçao, Raúl García, Simao, Reyes, Agüero y Forlán. Luego Jurado, Salvio y Valera. Que no se me olvide ninguno.

A falta de juego propio, el Fulham salió un poco a verlas venir. Dispuesto a aprovechar cualquier hueco que ofreciéramos para darle otra vuelta a la única jugada que tiene en el catálogo: balonazo desde atrás a Zamora, éste de cabeza para el primer segunda línea disponible y a intentar liársela a nuestra defensa. Cuando por allí andaba Domínguez, solía haber poco drama, pero contra Perea el Fulham vio el cielo abierto. Marcarían, aunque fuera por pesaos.

Pero antes, apareció Forlán. El hombre que más nos ha desesperado por no ser siempre perfecto y a veces parecer no quererlo, nos anunció que esa copa se venía para Madrid: el Kun remata de aquella manera un pase complicado de Simao y en lugar de ir a puerta, el balón va derechito al sitio donde el uruguayo, igual hasta un poco en fuera de juego, iba a poner el pie. Nada que hacer para el portero de un Fulham al que remontar un gol, dadas sus enormes carencias, se le hacía un imposible.

Cinco minutos fuimos campeones. Cinco minutos tardó el sonar la flauta que los ingleses soplaban con una insistencia digna, precisamente, de una final europea. A Zamora le salió bien el invento, se fue de Perea, el balón acabó en Gera que centró al segundo palo de nuestras amarguras para que Davies rematara a bocajarro.

Uno a uno, partido nuevo y cada equipo a lo suyo. El Atleti, jugando mejor, empeñado en centrar balones altos al área. Hughes y Hangeland suman 30 centímetos más que Kun y Forlán uno encima de otro. Echen cuentas. El Fulham, mientras Zamora tuvo cuerda, se aplicó a repetir su única jugada. Cuando la referencia ofensiva no pudo más, sus ataques dejaron de tener dirección fija. No iban a golearnos, pero pasaban los minutos y cada vez estaba más claro que sólo necesitaban que les volviera a salir bien.

El partido había pasado en un suspiro y teníamos la prórroga encima. Ahí había que salir con todo y lo hicimos sin que nada diera fruto. Justo al final de la primera parte, Salvio y Agüero tuvieron una ocasión que sonó a definitiva: fallamos y el Kun se quedó tirado en el área, desesperado porque la copa se nos escurría entre los dedos.

No sé para qué inventó la FIFA aquello del gol del oro: la segunda parte de una prórroga viene a ser lo mismo. Quince minutos en los que todo, absolutamente todo, es definitivo. Sin red. Con un gol a favor ganas, con uno en contra, pierdes. Y perder a 2000 kilómetros de tu casa, tras una odisea para llegar, cuando lo has tenido tan en la mano no es una derrota, es una tragedia para la que no hay consuelo.

Tenemos tal historial de calamidades que a cinco minutos del final, casi deseábamos que llegaran los penaltis. Poder decir que perdimos por esa mala suerte que nos acompaña, yo qué sé. Encontrar alguna explicación a todo aquello. Y no hizo falta: Agüero al que sólo le falta marcar en una de estas para quedarse la copa, la que sea, en propiedad, llegó a un balón por el que no apostábamos ni un duro. Al levantar la cabeza encontró a la tercera imagen más habitual en su vida reciente: Giannina, Benjamín y Diego Forlán. Ahí estaba el uruguayo para rematar un centro que el Kun, los 12.500 que estábamos allí y media España, también empujábamos hacia la portería.

Forlán remató raro, con el exterior, lo suficiente para que entrase.

Y llegó la locura. Estábamos a dos minutos de ser campeones. Campeones, qué bonito suena. Y los ojos empezaron a ponerse rojos. Nos acordamos de lo pequeños que éramos cuando levantamos la última copa, de que Pantic, Kiko, Simeone, sonaban demasiado viejos como últimos héroes.

Lloramos por todas las veces que no hemos sabido contestar cuando preguntan por qué somos del Atleti. Lágrimas de desquite con la Historia más reciente, que para muchos es casi nuestra única Historia. Lloramos por todo eso y llorando vimos cómo el Fulham, a la desesperada, todavía estuvo a punto de marcar. Pero no marcó, pitó el árbitro. Antonio levantó la copa y nos la comimos a besos.

Una hora más tarde de todo aquello, volvimos a estar casi solos en el estadio. Despiertos en mitad del sueño más bonito del mundo.


ATLÉTICO DE MADRID, 2 – FULHAM, 1
Europa League. Final.
Hamburgo, 12 de mayo de 2010.

[El Año que Volvimos, Titano Ediciones, 2010]
 
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Publicado por en 12 mayo 2011 en Juntaletras, La pelotita

 

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Acuse de derribo

RACING DE SANTANDER, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 1

Pues ya está liada. El escaso equilibro en el que se ha mantenido el Atlético de Madrid durante años gracias a la suerte, victorias muy oportunas y un tipo llamado Kun Agüero, se ha ido al carajo de golpe. La UEFA peligra, Forlán y Quique un día se dan de guantazos, lo de que nos van a desmantelar el equipo ya no es sospecha, es certeza. La buena noticia es que quedan dos jornadas y como los que tenemos alrededor también son unos mantas, igual hasta jugamos el año que viene la UEFA. Previa humillante contra algún Timisoara de por medio, claro.

De malas noticias hay una decena larga. Empezando por el derrumbe de un equipo que aún aspiraba al milagro de la Champions mientras Mario Suárez celebraba el 0-1. Como era prácticamente imposible, durante unos minutos estuvimos seguros de que el Villarreal iba a perder contra Almería, Madrid y Osasuna. El resto era cosa nuestra, ay, cosa nuestra. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que los atléticos vemos la vida con un candor que ni un niño el día de Reyes.

En efecto, fue ponernos por delante, venirnos abajo y ver como otro equipo se gana la permanencia pintándonos la cara. Que ya empieza a ser costumbre y el Hércules, que se veía en Segunda, espera con ilusión su visita al Manzanares. Lo sentimos por el resto, pero que es nos ha dado la vena generosa.

El Atleti fue una lástima y lo peor de todo esto es que estamos dando argumentos de sobra al mareo que debe de tener en la cabeza nuestro mejor futbolista. Porque vale que las sirenas le canten cada lunes alterno, pero joder, tampoco es plan de que seamos nosotros mismos los que pongamos los altavoces.

Nos hemos dejado caer y no sé cuánto tiempo vamos a durar amorcillados en tablas. Que oigan, está muy bien el rollito este del pupas, de qué desgraciaditos somos, qué penita que damos y que huevos tenemos frente a nuestras múltiples penalidades. Todo eso nos da un aire de héroes romáticos que viene muy bien para mirar por encima del hombro según qué ruedas de prensa. No lo voy a negar.

Pero que no se nos olvide que esto sólo ocurre cuando eres el tercer equipo de España en la clasificación y no en el almanaque. Tenemos que decidir si somos los perdedores que nos quedamos sin Copa de Europa cuando la teníamos en la mano o los perdedores que aspiramos a entrar en la UEFA por la gatera. La diferencia entre un gigante y una piltrafa. Que nadie se engañe con lo que somos ahora. Se trata del futuro.

 
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Publicado por en 10 mayo 2011 en La pelotita

 

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Golzine

Uno tiene amigos, entre otras cosas, para que le dejen escribir en sitios. Por eso, cuando Emi me ofreció participar en el primer número de Golzine, me lo tomé como lo que es, como un privilegio. Con esas me puse a escribir de lo único de lo que me siento capaz, si no por conocimientos, sí al menos por asistencia a clase.

Como el papel blanco es muy sufrido, y el digital ni les cuento, Golzine ha malgastado nueve de sus páginas en que yo escriba sobre 27 fichajes que definen a la perfección la historia atlética reciente. De todo hay, pero no olviden que por cada Kun Agüero, nos nacen ocho Patos Sosas.

Espero, de verdad, que el rollo del Atleti sólo sea una excusa. Porque el resto de Gozine es muchísimo mejor. Si abren la revista, podrán conocer a Maravillita Bertolari, visitarán el Víctor Agustín Ugarte, escucharán a Diógenes hablar del Mundial 2010 y descubrirán por qué el de 2014 es clave para toda América del Sur y no saldrán de Brasil para quedarse con Neymar, ay #neymaralatleti. Es más, tendrán la ocasión de saber que Argentina empieza por A, por B y por C, y de conocer los motivos raramente confesables que llevaron a España a ganar el Mundial. No les digo más que se presentarán ante ustedes José Luis Pérez Piscinero, un grupo de mineros con un balón en las manos y hasta la Holanda de Cruyff. De todo ello, claro, podrán hablar en twitter.

Todo eso lo tienen a apenas un clic. Gratis et amore en el enlace que les pongo: Golzine.com. Ya, si se lo pierden, será cosa suya. Pero estarán de acuerdo en que será una cosa muy fea.

 
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Publicado por en 8 mayo 2011 en Juntaletras, La pelotita

 

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Despertares

ATLÉTICO DE MADRID, 0 – MÁLAGA, 3

La grada del Calderón lleva tantos años yendo al cine que, a estas alturas, no hay película que no le suene. No llevábamos cinco minutos contra el Málaga y todo el mundo se veía venir una tragedia sosota, de esas en las que al final casi está deseando que todo acabe mal… de una puta vez.

Perea tardó dos minutos, dos, en liarse él sólo en una esquina. Otros 18 en pedir el cambio por lesión. Y, cosas de la vida, por ahí arrancó nuestra desgracia. Domínguez y Godín se entendieron malamente, Filipe Luis sigue siendo mejor atacante que defensor, lo que para un lateral no acaba de ser del todo sano y en, resumen, lo nuestro acabó en bolero: toda una vida estaremos penando por tener una defensa de juguete.

Y así llegaron dos goles clavaditos: malagueño que se escapa por su banda derecha, la izquierda de nuestros pesares, centro al área, mirada entre atenta y afectuosa de nuestros defensas y remate de cabeza de un par de señores, que pudieran ser gemelos y que, la verdad, nos hubieran hecho un apaño esta temporada.

En seis minutos la tontería ya no tenía remedio. Así somos, toda la semana soñando con la catástrofe imposible del Villarreal sin darnos cuenta de que lo catastrófico somos nosotros mismos. Para qué coño apuntaremos tan arriba, con la de veces que el tiro nos sale por la culata y nos acaba dando en un huevo.

Lo triste del partido no fue que el Málaga se pusiera 0-2, eso le pasa a cualquiera. Lo trágico es que, el que todavía soñamos con que vuelva a ser el tercer equipo de la España bipolar, ni siquiera aspiró a empatar contra un club que se jugaba la permanencia.

Salió Forlán por Raúl García para provocar el hecho histórico de que se pitara en la misma medida al que salía, al que entraba y al cambio en su mismidad. Raúl ya había hecho todo lo que tenía que hacer, que era muy poquito. Forlán volvió a escenificar esa rabieta que justifica el ni un balón a la rubia y todos sabíamos que el cambio era tardío e inútil.

Esta vez, ni tuvimos a Agüero. Lo intentó un par de veces, pero no tuvo ni balones ni la magia que otras veces le hace ser un superhombre. Fue el compañero Miguel el primero en ponerle letra a la canción que todos tarareábamos: Sin Kun no soy nada.

Con la cabeza de los nuestros ya en todos los sitios menos en esa precisa hectárea del Manzanares, el Málaga aún tuvo tiempo de meternos el tercero. Nos dejó humillados y despiertos. Que es lo peor que se le puede hacer a un equipo acostumbrado a vivir con más sueños que verdades.

 
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Publicado por en 8 mayo 2011 en La pelotita

 

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Puestos a soñar…

DEPORTIVO DE LA CORUÑA, 0 – ATLÉTICO DE MADRID, 1

¿Recuerdan cuando el Deportivo de la Coruña remontaba de manera heroica al Milán? ¿Cuando le amargaba la vida al Madrid? ¿Cuando salían deportivistas en Badajoz y se cantaban sus goles en Molina de Aragón? Pues nada de eso existe ni tiene pinta de volver a existir. El Depor es a estas alguras un equipo muy menor, gestionando por un Lotina que más que entrenar achica agua y con una delantera incapaz de meter más de 27 goles en toda la temporada. De toda la liga, sólo el desahuciado Almería tampoco ha sido capaz de sumar los goles que llevan Messi o Cristiano por su cuenta. Y, para que se hagan una idea, los andaluces tienen cuatro más que el Depor.

Y aún así nos costó un parto. Durante gran parte del partido, el Atlético se enfrentó a ese tipo de noche en la que a la mínima todo se va al carajo. Sin mucho aporte de Diego Costa, el Kun volvía a ponerse al frente de la manifestación para sacarnos de la tristeza en Riazor. Valga la redundancia. Para que la sensación de miedo fuera completa, se nos había alistado como titular por 201 vez (204 apariciones, el que más) Luis Amaranto Perea. Un par de pereadas estuvieron a punto de costarnos el partido y confirmaron que el chico es un killer del área en propia puerta.

Salimos vivos de ellas y en mitad de lo pastoso que se estaba poniendo el partido, la expulsión de Lopo por abatir al Agüero nos aclaró el panorama. Quique sacó a Juanfran y Forlán. El uruguayo apenas disimula el cabreo y sale del banquillo con la certeza de que se va a tirar a puerta cualquier balón que caiga en sus pies. Necesita con urgencia un gol para vengarse de esa afición que ha cometido el delito de dejar de idolatrarle. Un gran jugador ofuscado es un jugador mediocre. Y alguien debería decírselo.

Pese a todo, Forlán sigue teniendo la clase suficiente como para devolver de tacón a Juanfran una pared que fue el prólogo de nuestro gol. El extremo se enredó con la pelota dentro del área, pero fue capaz de hacérsela llegar al Agüero para que terminara marcando. Un gol del Kun que nos pone a soñar. Lo que, bien mirado, no ha dejado de ser su trabajo en los últimos cinco años.

 
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Publicado por en 1 mayo 2011 en La pelotita

 

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Las cuentas de mayo

ATLÉTICO DE MADRID, 4 – LEVANTE, 1

Parece mentira que el Levante ande con semejante desahogo por la Primera división habiendo otros que tanto están pasando. La propuesta que trajo al Calderón el tercer mejor equipo de la segunda vuelta era muy propia de las fechas: hostia va, hostia viene. A los dos minutos una patada nos cortó el cuerpo a todos los que habíamos escapado a tiempo del atasco: se la dio su Juanfran al nuestro y a todos nos pareció que, sin cuatro titulares, Quique iba a tener que inventarse otro cambio más en un momento.

Porque faltaban Godín, Reyes, Koke y Tiago. Unas asuencias que en defensa se suplen con cierta seguridad, pero en la media te dejan con Raúl García y Elías de titulares. Temiéndote lo peor. Habían pasado 20 minutos más largos que un día sin pan cuando tenemos una falta en la frontal. Con Agüero y Filipe en perfecto estado de revista, Elías empieza a rondar a la pelota. Si digo que un 1% del estadio confiaba en que la cosa acabaría bien estaría exagerando una barbaridad. Casi estábamos empezando a pronunciar el tan poco extraño se veía venir, cuando ni se vio ni vino: Elías clavó un golazo por la escuadra que, además de lógicamente sobrecogernos, dejaba el partido de cara.

Hasta que nos dio la gana. Con Mario Suárez creciendo al mismo ritmo que Raúl García menguaba, lo que menos nos hacía falta era que el chaval se llevara por delante a Caicedo en el área. Penalti que el muy fichable delantero del Levante marcó para que nos fuéramos al descanso entre el desasosiego y el miedo cerval a irnos a casa con cara de tontos.

Lo evitó, claro, el Kun: cogió un balón en el centro del campo, avanzó unos metros, trazó la definición acústica y visual de lo que es un cañonazo, el balón rebotó en dos defensas, volvió a caerle y el Vicente Calderón escuchó de nuevo el ruido seco que hace un balón cuando sabe que va a ser gol. Con el partido controlado, un penalti a Diego Costa permitió al Kun meter el tercero cuando todavía quedaban 20 minutos.

Quique entonces hizo algo incomprensible: en lugar de quitar del medio a Agüero, que con el partido resuelto sólo podía llevarse una desgracia, sacó del campo a Juanfran y metió a Forlán. Tuvo tiempo el uruguayo de hacer dos cosas, y las dos mal: una es no haber perdido la costumbre de tirar a puerta todo balón que le cae en los pies, como si el alma que se le quedó dormida en algún sitio pudiera despertarse a pelotazos. La otra, la que le deja sin excusas, fue fallar un mano a mano con el portero a pase del Kun. Cuando Forlán diga al fin que se va, hará mucho tiempo que ya se habrá ido.

A todo esto, el partido se seguía jugando, y un córner cerrado sirvió para que Munúa, presionado por Raúl García, se metiera el 4-1 que nos deja, y más con estos resultados, muy cerquita de la Europa League y aún, ¡aún!, soñando con la Champions. A última hora, con fatiguitas y haciendo más cuentas que para una Renta a devolver. Así nos vamos a pasar mayo entero. El Atleti, que somos todos, pero algunos más que otros.

 
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Publicado por en 25 abril 2011 en La pelotita

 

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