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Archivo de la etiqueta: Diego Costa

Para volvernos a ir


Esta vez no ha sido solo, sino en compañía de otros. El año que volvimos nos hizo felices. El siguiente, el que acaba de terminar, nos ha dado para conocer hasta la última curva del camino que va del cabreo a la pena negra. Y vuelta.

Como uno empieza a escribir en agosto sin saber si acabará llorando en Alemania o en casa de la propia mala leche, nos ha caído encima junio y este blog ha vuelto a tener almacenadas todas las aventuras, pocas, y las desventuras, una barbaridad, del Atlético de Madrid durante la última temporada.

Como les decía, esta vez no he estado solo en la faena. Para volvernos a ir además de un catálogo de mis propios lamentos incluye cerca de 40 paginazas escritas por lo más granado del pueblo atlético. Les cuento: Menottinto, Barahona, toda la gente de Esto es Atleti, Javi Gómara, Matallanas, Fran Guillén, Jorge Olmos, Pepe Orantos, Jorge Ordás, Petón, José Antonio Vallés y Juanjo Palomo nos cuentan cómo ven el panorama de nuestro equipo. Merece la pena leerles, palabrita. Ah, y no me olvido de lo más evidente, la portada que están viendo es obra de Rubio y Emi, dos cracks que luego los verán entrevistar en algún periódico y caerán en la cuenta de que los conocieron aquí.

El precio de Para volvernos a ir es exactamente cero. Gratis. Free. By the face. Sale con una licencia Creative Commons que les permite copiarlo y enviarlo a quienes crean oportuno. Preferiblemente aficionados del Atleti, aunque no deja de tener su punto dárselo a alguno que me estoy imaginando.

Pueden descargarse el libro completo en estos formatos:

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Sinceramente, espero que les guste.

 
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Publicado por en 6 junio 2011 en Juntaletras, La pelotita

 

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Las cuentas de mayo

ATLÉTICO DE MADRID, 4 – LEVANTE, 1

Parece mentira que el Levante ande con semejante desahogo por la Primera división habiendo otros que tanto están pasando. La propuesta que trajo al Calderón el tercer mejor equipo de la segunda vuelta era muy propia de las fechas: hostia va, hostia viene. A los dos minutos una patada nos cortó el cuerpo a todos los que habíamos escapado a tiempo del atasco: se la dio su Juanfran al nuestro y a todos nos pareció que, sin cuatro titulares, Quique iba a tener que inventarse otro cambio más en un momento.

Porque faltaban Godín, Reyes, Koke y Tiago. Unas asuencias que en defensa se suplen con cierta seguridad, pero en la media te dejan con Raúl García y Elías de titulares. Temiéndote lo peor. Habían pasado 20 minutos más largos que un día sin pan cuando tenemos una falta en la frontal. Con Agüero y Filipe en perfecto estado de revista, Elías empieza a rondar a la pelota. Si digo que un 1% del estadio confiaba en que la cosa acabaría bien estaría exagerando una barbaridad. Casi estábamos empezando a pronunciar el tan poco extraño se veía venir, cuando ni se vio ni vino: Elías clavó un golazo por la escuadra que, además de lógicamente sobrecogernos, dejaba el partido de cara.

Hasta que nos dio la gana. Con Mario Suárez creciendo al mismo ritmo que Raúl García menguaba, lo que menos nos hacía falta era que el chaval se llevara por delante a Caicedo en el área. Penalti que el muy fichable delantero del Levante marcó para que nos fuéramos al descanso entre el desasosiego y el miedo cerval a irnos a casa con cara de tontos.

Lo evitó, claro, el Kun: cogió un balón en el centro del campo, avanzó unos metros, trazó la definición acústica y visual de lo que es un cañonazo, el balón rebotó en dos defensas, volvió a caerle y el Vicente Calderón escuchó de nuevo el ruido seco que hace un balón cuando sabe que va a ser gol. Con el partido controlado, un penalti a Diego Costa permitió al Kun meter el tercero cuando todavía quedaban 20 minutos.

Quique entonces hizo algo incomprensible: en lugar de quitar del medio a Agüero, que con el partido resuelto sólo podía llevarse una desgracia, sacó del campo a Juanfran y metió a Forlán. Tuvo tiempo el uruguayo de hacer dos cosas, y las dos mal: una es no haber perdido la costumbre de tirar a puerta todo balón que le cae en los pies, como si el alma que se le quedó dormida en algún sitio pudiera despertarse a pelotazos. La otra, la que le deja sin excusas, fue fallar un mano a mano con el portero a pase del Kun. Cuando Forlán diga al fin que se va, hará mucho tiempo que ya se habrá ido.

A todo esto, el partido se seguía jugando, y un córner cerrado sirvió para que Munúa, presionado por Raúl García, se metiera el 4-1 que nos deja, y más con estos resultados, muy cerquita de la Europa League y aún, ¡aún!, soñando con la Champions. A última hora, con fatiguitas y haciendo más cuentas que para una Renta a devolver. Así nos vamos a pasar mayo entero. El Atleti, que somos todos, pero algunos más que otros.

 
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Publicado por en 25 abril 2011 en La pelotita

 

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El termo de café

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – REAL SOCIEDAD, 0

Empezó el partido revuelto. Mucha gente muy harta de quienes dirigen el cotarro se juntó fuera de estadio para que todo el mundo se enterase. Se enteró casi todo el mundo, lo que no deja de ser un paso. Sobre el campo, la Real Sociedad vino con muy poquita cosa a jugar al Calderón.

Diego Costa, titular porque cualquier otra cosa hubiera sido una injusticia bíblica arrancó peleón, como siempre, pero además dejó un detallazo que supuso el 1-0: pase de tacón a Filipe que, de frente y en carrera, fusiló a Bravo. Poco más de diez minutos de partido y estábamos con una placidez impropia de nosotros mismos.

Costa, muy en plan titular, aún tuvo otra. Fue tras un pase genial del Kun Agüero, valga la redundancia, que lo dejó solito frente al portero rival. Tiró bien, pero se a Bravo le dio tiempo a rozarla y se fue al palo.

Andábamos recordando la decena larga de veces que en no demasiado tiempo nos hemos complicado la vida con el marcador a favor cuando Reyes se encargó de quitarnos tanta tontería de la cabeza. Cogió un balón en la banda izquierda, avanzó hasta la línea de fondo y, ahí, sin despegarse mucho de ella, dejó sentado literalmente a Carlos Martinez, sin tocar el balón, para poner luego un pase atrás perfecto a Mario Suárez. El chaval sólo tuvo que rematarla, casi de tacón, para meter el 2-0 justo al filo del descanso.

Sobró la segunda parte. Si acaso, nos dejó la certeza de que Forlán está en su propia guerra y Agüero un paso por delante, o diez o doce, de todos los demás. El primero tiró a puerta cada balón que le cayó cerca. Hasta una falta en la frontal del área que miraban Reyes y el Kun con ojos golosones. El otro, en un día bastante gris para ser él, se fabricó por su cuenta la jugada del 3-0: aprovechó el error de un defensa para cogerle la espalda en el medio campo, recorrió 50 metros hasta la portería con el balón pegado al pie y, como vio que Forlán no llegaba, la tiró ajustada al palo derecho de Bravo.

Con esto y una palomita de De Gea dejamos cerrado un partido en el que Mario y Tiago demostraron que igual hasta tenemos medio campo. Lo que nos falta es tiempo. Como los malos estudiantes, el Atleti tiene que agarrarse otra vez al termo de café para recorrer a última hora el camino que ha tenido todo un curso para andar. Ahora llegan las apreturas, las prisas y la necesidad de no fallar nada de nada hasta llegar al examen de final de mayo. Ese que nos puede colocar en Europa por la puerta grande o la pequeña. De ese tamaño dependen tantas cosas…

 
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Publicado por en 10 abril 2011 en La pelotita

 

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Fakires en el Sadar

OSASUNA, 2 – ATLÉTICO DE MADRID 3

Toreros, lo que somos es unos toreros. Le tocaba al Atleti visitar el campo que peor se le ha dado en la historia reciente, había que hacerlo con los antecedentes que tienen en la entrada de más abajo y todos en la memoria desde el año que bajamos a Segunda, no había otro remedio que jugar sin el Kun. Con esos ingredientes, Quique se pone flamenco, más aún, y deja a Forlán en el banquillo para sacar de titular a Diego Costa. Y encima, le sale bien. Los guionistas de Perdidos no han dejado de fumar porros, sólo es que se han venido a liárselos bajo el puente de Praga.

Salvo gente de fe inquebrantable, como @jesussalido, mentiríamos al decir que teníamos la más mínima confianza en algo que no fuera una derrota. Porque una cosa es hacer el indio en la delantera porque Forlán tampoco está para tirar cohetes y otra más seria es poner una defensa con Perea y Antonio López de titulares. Obviamente, el Osasuna aprovechó el alma cándida que teníamos en el lateral izquierdo para abusar una y otra vez con centros que antes o después tenían toda la pinta de acabar en catástrofe. No fue tan pronto como merecimos porque en la misma jugada De Gea paró dos tiros a bocajarro y despejó con las piernas un pase de la muerte mientras nuestra defensa no hacía aguas, sino diluvios. Al chaval lo quieren vender. En efecto: estamos todos gilipollas.

Era esa o era otra, y fue la siguiente: media hora de partido, y Sola remató a la escuadra un centro, esta vez, de Cejudo. Antono López observó la jugada sin perder detalle, Perea no compareció y Godín, cambió de ritmo, de lento a superlento, para estar en el sitio adecuado pero un par de segundos más tarde de lo que debía.

Uno a cero y recurrimos al manual del perfecto paria ese que tenemos con el lomo ya hecho una lástima a base de resobarlo. Manos en los bolsillos, mirada al suelo, lluvia en el cogote, el pack completo. Después de quince días así, empezábamos a asumir que teníamos por delante una semana que no iba a ser muy diferente salvo por el cierto consuelo de que el mundo madridista tampoco anda de fiesta gracias a De las Cuevas, el destino, Mourinho, Preciado y un señor de Córdoba que, sin saberlo, activó la tragedia blanca, efecto mariposa de por medio, al pedir una de bravas.

De pensar en el mal de muchos nos sacó Diego Costa con un gol insospechado. No porque no lo mereciéramos, que no, ni siquiera por falta de fé en el chico, que tampoco, el empate fue insospechado por su factura. Tras un pase tremendo de Juanfran, solo ante Ricardo, allá donde Forlán se aturulla y la manda fuera, allá donde Agüero hay veces que se hace la picha un lío por querer regatear cinco veces al portero, Diego Costa miró el hueco y la clavó con una frialdad que, al contrario que en la mili, no le suponía ni Dios.

Así nos fuimos al descanso, con media sonrisilla y el escandaloso dato de que Costa ya era en ese momento bastante más efectivo que Forlán si tenemos en cuenta los minutos jugados por cada uno. Y la cosa no había hecho más que empezar.

Con todo, la segunda parte empezó un poco regular: Kike Sola la tiró fuera de milagro, el ciudadano Borbalán se tragó una roja directa para el que abatió a Juanfran cuando se iba solo y el cuarto de hora estaba empezando a durar hora y media.

Precisamente entonces llegó el segundo. Esta vez es Raúl García el que le pone un pase como un cortijo con papeles a Costa para que, otra vez, defina estupendamente. Que lo estoy escribiendo y me está saltando el propio corrector del windows como un loco ofreciéndome todas las alternativas gramaticales para esa frase menos la que ha ocurrido de verdad.

Tres minutos más tarde, te jodes Bill Gates, otra vez Diego Costa. Tercer gol. Todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de fama y para desgracia de Osasuna, al chaval le han tocado precisamente esta tarde. Hat-trick que pudieron ser cuatro si a Reyes no le hubiera podido la avaricia: se fue el sevillano solo hacia Ricardo, como un calco de la jugada del penalti a Juanfran que nunca existió. Sólo que esta vez el final fue más absurdo si cabe: si entonces Borbalán no vio nada, ahora vio penalti cuando era falta a metro y pico del área. A Reyes, decía, le pudo la codicia y falló un penalti que tenía que haber hablado portugués. Ya puestos.

Osasuna se vino arriba y apareció Perea, que no es malo, es que lo han dibujado así. El hombre hizo una falta estúpida en la frontal del área que sacada por Osasuna, acabó despejada de puños… ¡por Tiago! Penalti que Nekounam no tuvo la gentileza de fallar y a pasar diez minutos de penalidades.

Las pasamos, porque el rollo del águila, el hígado y Prometeo es para nosotros un capítulo de los Osos Amorosos, pero la roja directa a Sergio por intentar hacerle a Costa una boca nueva con el codo evitó la angina de pecho. La cosa quedó en un par de tiros en contra, miedo permanente a cagarla y un alivio infinito tras cuatro minutos de descuento que pasamos, fieles a nosotros mismos en plan fakires. Jugando con fuego.

 
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Publicado por en 4 abril 2011 en La pelotita

 

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Más allá del calendario

UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS, 0 – ATLÉTICO DE MADRID, 5

En una ronda copera que tiene como eliminatoria más brillante un Mallorca – Sporting, los alicientes hay que buscarlos en cualquier otro sitio. Donde sea. En el calendario mismo. El Atleti volvía a Las Palmas cuando se cumple una década de todo aquello (gracias a @infoatleti por el link) y justo un año después de los extraños sucesos de Alcorcón. Mucho madridista se acordó aquel día de Jesús Gil. Si el Atleti de Marcos Alonso cerca estuvo de volver a nado de las islas, y tal y tal, aquel Madrid de Pellegrini bien podría haber regresado al Bernabéu a patita. 26,3 kilómetros. 5 horas, 26 minutos. Aún alguno hubiera llegado para tomarse la última.

Enfrente teníamos al Universidad de Las Palmas, cuyo estadio cuesta diferenciar de un campo de entrenamiento. Por eso se eligió terreno casi neutral. El Estadio de Gran Canaria, que ejerce por el mítico Insular,  se les quedó grande. Eso lo sabemos ahora, porque salimos con cierta torrija. lo justo para saludar a nuestros fantasmas favoritos. Eso sí, pasado el minuto 20, un defensa atacó lo necesario para resolver el asunto: Godín, que a lo tonto sigue acumulando goles de cabeza, metió el suyo al rematar un córner. Esto lo que dura una eliminatoria a doble partido entre un Segunda B y un Primera: lo que el grande tarda en marcar el primer gol.

A partir de ahí, Agüero. Otra vez, como si fuera incansable, se dedicó destrozar todo aquello que se le puso delante. Por ejemplo, en el segundo gol. Un balón controlado en el medio campo fue sólo el prólogo de una carrera en la que pasó entre varios defensas y la puso colocada donde Vargas nunca podía llegar.

Ese fue el último mérito del portero canario. Nada más empezar la segunda parte, un mal rechace suyo le cayó a Diego Costa. El brasileño marcó el gol suyo de cada día y aún tuvo para recoger un calamitoso despeje de Vargas, que se la puso en el pie, y entregársela flojita a Agüero para el 0-4. Nadie se acordó de Forlán.

Quique, que hablaba con el banquillo por el móvil, dijo que ya había sido demasiado generoso. Guardó a Agüero en su cajita acolchada y sacó a Reyes. En pleno vendaval, el sevillano se sumó a la fiesta: escapada por la derecha, pase desde la línea de fondo a Mérida y 0-5. Lo de la vuelta será un entrenamiento de puertas abiertas.

 
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Publicado por en 28 octubre 2010 en La pelotita

 

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Cómo te habíamos extrañado

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – ROSENBORG, 0

Hay cosas, y personas, sin las que uno puede vivir décadas y jamás las echará de menos. El alcalde de Valladolid, por ejemplo. Otras sin embargo, cuando faltan, te dejan ese desasosiego del que sabe que la vida tiene que ser otra cosa. Algo mucho mejor. Es lo que pasa con el Kun Agüero. En 25 minutos, un tipo bajito y cara de haber roto todos los platos, hizo felices las 45.000 personas que tenía más a mano y a todos a quienes pillaba lejos, pero lo vieron por la tele. Porque Agüero no provoca admiración por su talento sino ilusión por lo mágico que puede llegar a ser. Con él en el campo, el Atlético vive como si todo estuviera a su alcance.

Pero para eso tuvimos que esperar una hora y cinco minutos. Un tiempo que dedicamos a hacer garritas contra un equipo que malviviría en nuestra Segunda división. Si este es el club más laureado de su país, la liga noruega debe de ser un espectáculo apasionante. No habían llegado todavía algunos al campo cuando Forlán tuvo la más clara de su noche. Un centro que fue a rematar, hizo como si quisiera hacerlo, pero el balón pasó por él cómo el sol por el cristal, sin romperlo ni mancharlo. Por no hacer, ni lo desvió un poquito: le atravesó las piernas hasta llegar a un Simao que tuvo todo el tiempo del mundo para acomodársela y rematar, solo como estaba. Y lo hizo de pena. Minuto tres y nada de nada cuando un gol nos hubiera dejado el cuerpo, a esas alturas, como una sopita caliente.

Pero el Rosenborg hacía oposiciones al descalabro y daba tantas facilidades que hasta llegamos a ver una ruleta de Diego Costa. Sé que no me van a creer. No les culpo. Todavía sorprendidos, Simao decidió no sacar su trigesimoséptimo córner corto al primer palo del año y se la puso a Felipe Luis en el pico del área. Centro de un tío demasiado bueno para ser lateral que todos intentan rematar y al que nadie llega. Pero la pelota le cayó a Reyes, y bueno estaba perdonarles una; dos era un exceso: gran centro que remata Godín para poner el uno a cero y tranquilizar un poco el ambiente.

Eso en la teoría. En nuestra práctica, el Rosenborg se vino arriba y antes del descanso, nos dejó los sustos de un poste tras el achique carajote de Perea y Godín y de un tiro raso y con mala leche que obligó a estirarse al grandón de Joel. Después del 43 con el que De Gea ganó una UEFA, en ese afán que tenemos por confundir a nuestros porteros con líneas de la EMT, Joel iba con el 27: Embajadores – Plaza de Castilla.

Empezó la segunda parte y sin que lance alguno del juego lo justificara, la grada empezó a rugir. Que te aplaudan tras un jugadón el campo debe de ser la leche, que te ovacionen cuando correteas por la banda ya no puedo ni imaginarlo. Creerán que Forlán, que tenía toda la pinta de ser el sustituído apretó el paso, ¿no? Se equivocan, amigos. El uruguayo siguió a lo suyo, que esta noche fue lo de nadie y apenas volvió a mirar a portería para malrematar un gran centro de Diego Costa. Sí, igual la pareja de delanteros de este año acaba no siendo la prevista.

Llegados a este punto, olviden todo lo anterior, que sólo habla de un partido de fútbol.

Minuto 65, sale Agüero por Forlán.
65:25, Agüero roba una pelota en nuestro campo y se la pone a Diego Costa que tenía toda la banda izquieda para correr.
65:31, Costa se lía y el balón acaba en Simao listo para un centro.
65:37, el centro lo recoge Ujfalusi que se la deja en corto a Reyes.
65:41, Reyes, grande, enorme toda la noche, aguanta el balón lo indecible hasta que Agüero da el pasito adelante que tenía que dar.
65:43, Agüero recibe el pase, esquiva a dos defensas y marca el 2-0.

Se lo dije, lo de antes era fútbol. Esto ya es otra cosa.

Si el Kun necesitó 43 segundos para marcar su gol, sólo le hizo falta un toquecito para dejar claro que ha vuelto, que viene con ganas y que podrán frenarlo las lesiones, porque las defensas rivales se le han quedado cortas. Jugaba Reyes por la derecha un balón que terminó en el control extraño de Diego Costa en la frontal. A la segunda, acertó a ponérsela a Agüero y arrancó hacia portería sin ninguna fe. Era imposible que el balón le llegara, sólo sería posible si al recibirla, el Kun acertaba a hacer una perfecta vaselina de primeras que superase a la defensa y pudiera llegarle a él. No, era imposible. Todo eso iba pensando Diego Costa cuando vio que la pelota le llegaba a la cabeza, mansita, lista para rematar un poco, tampoco demasiado, y meter su cuarto gol en cinco partidos.

Era el remate a un partido que nos deja con mejor cara en la clasificación pero, sobre todo, con la certeza de que, como decía Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.

 
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Publicado por en 22 octubre 2010 en La pelotita

 

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La victoria pastosa

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – GETAFE, 0

Para ver la jugada desde cerca. Como el que ha tenido la suerte de comprar una entrada de las caras. Para eso quedó Forlán en el segundo gol. Ese en el que Diego Costa remata de forma eficaz un buen pase desde la línea de fondo de Valera. Ahora relean la última línea. Otra vez. Bien, sigamos.

Tres puntitos contra el Getafe son una gran noticia. Más si el líder palma contra el Barça y eso nos da para seguir ahí arriba. En esa zona de la clasificación en la que una derrota es un disgusto y no un holocausto. Burla burlando se nos han ido siete jornadas de liga y no hemos tenido que mirar para abajo ni para comprobar si tenemos los zapatos limpios.

Empezó el partido con el minuto de silencio más largo y respetuoso que recuerdo en el Calderón. Se nos ha muerto Arteche esta semana. Tenía 53 años. La vida, a veces, es así de hija de puta. Con coraje y sin acierto nos pegamos casi toda la primera parte jugando contra un Getafe tan disfrazado de Club Deportivo Toledo que jugaba su mismo fútbol. Nosotros éramos el Illescas, no se vayan a creer.

Por lesión de Agüero y deserción moral televisada de Forlán, Diego Costa era nuestro único delantero centro. Nos va la marcha. El muchacho le pone más ganas que nadie, es peleón, trotón y noblote. Pero no le llamó el Señor por el camino de la habilidad. Sin el balón, demasiadas veces está donde no debe. Con él, la jugada tiende al caos. Costa corre a trompicones, se la lleva de milagro y acaba aturullándose en el peor momento posible. Por si fuera poco, aparatoso y grande que es, cada enganchón con un rival acaba en falta en contra.

Con un partido así de pastoso, sólo una falta podía sacarnos del bostezo. La hubo, la tiró Simao, dio en el poste, rebotó en la espalda de Codina y después de todo eso, entró. 1-0. Me gustaría decir que gracias al gol el partido se espabiló, pero no hay necesidad de mentir.

La cosa sólo mejoró algo cuando Forlán entró por Fran Mérida. No porque el uruguayo hiciera más que el catalán, sino porque da más miedo. Con dos delanteros, el Getafe se amilanó, que es acojonarse pero con estudios, y tuvimos alguna ocasión más. Reyes la llevaba buscando toda la tarde y la encontró: colocó un enorme pase a Valera para que ocurriera todo eso que les contaba al principio. Que sí, que es verdad. Lo juro.

 
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Publicado por en 16 octubre 2010 en La pelotita

 

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