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La noche que volvimos

Me dirán que el horno no está para muchos bollos. Me da lo mismo. Hay unos cuantos culpables de las penas que a mediados de mayo de 2011 sufre mi Atleti. Todos sabemos quienes son y no les va a pasar nada porque les olvidemos un rato. Hoy es noche de alegrías y no vamos a regalarles la grandeza de amargárnosla.

Aquí debajo les saco de “El año que volvimos” el relato de esa noche en la que fuimos tan grandes como nadie.

Capítulo 65
El sueño más bonito del mundo

Más de cuatro horas estuvimos pasando de la euforia al drama. La mayoría de las veces sin motivo aparente. Como casi todo en este Atleti. Siete de la tarde, mirábamos al campo vacío y lo mismo nos veíamos campeones que llorando a moco tendido. Al final fueron las dos cosas, pero eso vendrá luego.

El Hamburgo Arena todavía sin un alma y Menottinto, Juanjo, otros compañeros de penurias y un servidor ya andábamos en el estadio deseando que todo llegara rápido o que se parase el reloj, según el rato. Pero el tiempo va a su bola, no hace caso de nuestra esquizofrenia y cuando quisimos darnos cuenta en el campo empezaba a pasar algo.

Nosotros, que aún nos acordamos del Nuevo Vivero, estábamos viendo el espectáculo previo de una final de la UEFA. Nada que envidiar a la Champions. Musica, coreografías y niños con banderas. Después de haber buscado augurios en plazas berlinesas, rótulos de Hamburgo o cervezas de St. Pauli, que el crío que llevaba la bandera del Atleti tropezara en mitad de la carrera nos dejó mirándonos con pánico en la grada. Joder, pronto empezamos.

Pero aquello no iba de niños ni de bienaventuranzas, así que tuvimos que fiarnos de los once tíos de rojiblanco que veíamos en el césped. De Gea, Ujfalusi, Perea, Domínguez, Antonio López, Assunçao, Raúl García, Simao, Reyes, Agüero y Forlán. Luego Jurado, Salvio y Valera. Que no se me olvide ninguno.

A falta de juego propio, el Fulham salió un poco a verlas venir. Dispuesto a aprovechar cualquier hueco que ofreciéramos para darle otra vuelta a la única jugada que tiene en el catálogo: balonazo desde atrás a Zamora, éste de cabeza para el primer segunda línea disponible y a intentar liársela a nuestra defensa. Cuando por allí andaba Domínguez, solía haber poco drama, pero contra Perea el Fulham vio el cielo abierto. Marcarían, aunque fuera por pesaos.

Pero antes, apareció Forlán. El hombre que más nos ha desesperado por no ser siempre perfecto y a veces parecer no quererlo, nos anunció que esa copa se venía para Madrid: el Kun remata de aquella manera un pase complicado de Simao y en lugar de ir a puerta, el balón va derechito al sitio donde el uruguayo, igual hasta un poco en fuera de juego, iba a poner el pie. Nada que hacer para el portero de un Fulham al que remontar un gol, dadas sus enormes carencias, se le hacía un imposible.

Cinco minutos fuimos campeones. Cinco minutos tardó el sonar la flauta que los ingleses soplaban con una insistencia digna, precisamente, de una final europea. A Zamora le salió bien el invento, se fue de Perea, el balón acabó en Gera que centró al segundo palo de nuestras amarguras para que Davies rematara a bocajarro.

Uno a uno, partido nuevo y cada equipo a lo suyo. El Atleti, jugando mejor, empeñado en centrar balones altos al área. Hughes y Hangeland suman 30 centímetos más que Kun y Forlán uno encima de otro. Echen cuentas. El Fulham, mientras Zamora tuvo cuerda, se aplicó a repetir su única jugada. Cuando la referencia ofensiva no pudo más, sus ataques dejaron de tener dirección fija. No iban a golearnos, pero pasaban los minutos y cada vez estaba más claro que sólo necesitaban que les volviera a salir bien.

El partido había pasado en un suspiro y teníamos la prórroga encima. Ahí había que salir con todo y lo hicimos sin que nada diera fruto. Justo al final de la primera parte, Salvio y Agüero tuvieron una ocasión que sonó a definitiva: fallamos y el Kun se quedó tirado en el área, desesperado porque la copa se nos escurría entre los dedos.

No sé para qué inventó la FIFA aquello del gol del oro: la segunda parte de una prórroga viene a ser lo mismo. Quince minutos en los que todo, absolutamente todo, es definitivo. Sin red. Con un gol a favor ganas, con uno en contra, pierdes. Y perder a 2000 kilómetros de tu casa, tras una odisea para llegar, cuando lo has tenido tan en la mano no es una derrota, es una tragedia para la que no hay consuelo.

Tenemos tal historial de calamidades que a cinco minutos del final, casi deseábamos que llegaran los penaltis. Poder decir que perdimos por esa mala suerte que nos acompaña, yo qué sé. Encontrar alguna explicación a todo aquello. Y no hizo falta: Agüero al que sólo le falta marcar en una de estas para quedarse la copa, la que sea, en propiedad, llegó a un balón por el que no apostábamos ni un duro. Al levantar la cabeza encontró a la tercera imagen más habitual en su vida reciente: Giannina, Benjamín y Diego Forlán. Ahí estaba el uruguayo para rematar un centro que el Kun, los 12.500 que estábamos allí y media España, también empujábamos hacia la portería.

Forlán remató raro, con el exterior, lo suficiente para que entrase.

Y llegó la locura. Estábamos a dos minutos de ser campeones. Campeones, qué bonito suena. Y los ojos empezaron a ponerse rojos. Nos acordamos de lo pequeños que éramos cuando levantamos la última copa, de que Pantic, Kiko, Simeone, sonaban demasiado viejos como últimos héroes.

Lloramos por todas las veces que no hemos sabido contestar cuando preguntan por qué somos del Atleti. Lágrimas de desquite con la Historia más reciente, que para muchos es casi nuestra única Historia. Lloramos por todo eso y llorando vimos cómo el Fulham, a la desesperada, todavía estuvo a punto de marcar. Pero no marcó, pitó el árbitro. Antonio levantó la copa y nos la comimos a besos.

Una hora más tarde de todo aquello, volvimos a estar casi solos en el estadio. Despiertos en mitad del sueño más bonito del mundo.


ATLÉTICO DE MADRID, 2 – FULHAM, 1
Europa League. Final.
Hamburgo, 12 de mayo de 2010.

[El Año que Volvimos, Titano Ediciones, 2010]
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Publicado por en 12 mayo 2011 en Juntaletras, La pelotita

 

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Tan abajo

BAYER LEVERKUSEN, 1 – ATLÉTICO DE MADRID, 1

Si un hombre no es grande por no haber caído nunca, sino por las veces que se levanta, nadie ha tenido tantas oportunidades de grandeza como el Atlético de Madrid. Hoy, una más. Esta vez, el perpetuo milagro al que se encomienda este equipo día sí, día también, no salió. Se veía venir, tenemos a la mitad del santoral de baja por estrés, en plan controlador aéreo, y todavía no hemos encontrado la manera de militarizar las capillas.

De nada valió que nos lleváramos las manos a la cabeza al ver que no aparecía Reyes en el once. Fue inútil casi gritar los casi tres goles del casi héroe Forlán. En vano nos enfadamos con el 1-0 y en vano celebramos, con mucha mesura, ese empate de Fran Mérida tras la obra de arte de cada día que nos regaló Agüero. Ni siquiera nos sirvió ese cambio de balón, de blanco a naranja, cuando la nevada ya era de las de llevar cadenas.

En la otra punta de Europa, el Aris de Salónica le había metido ya uno al Rosenborg, que al final fueron dos, y por muy flamencos que nos pusiéramos, el cuento se había acabado.

Este año no hay red, no hay una competición menor a la que caer e ir pasando rondas hasta una final lejana. En el centro de Alemania nos hemos despedido del título que ganamos 400 kilómetros más al norte. Nos ha eliminado el Aris de Salónica, un equipo de descartes de la liga española.

Ya está, ya hemos caído. A ver ahora cuántas veces tenemos que levantarnos para volver a ser grandes.

 
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Publicado por en 16 diciembre 2010 en La pelotita

 

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Disgustos que no se le dan a un padre

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – ARIS DE SALÓNICA, 3

Hace un año andábamos empatando con el APOEL de Nikosia y maldiciendo la suerte de un equipo que miraba más a Segunda que a Primera. Luego, ganamos dos copas, llegamos a otra final y descubrimos con asombro que el fútbol, a veces, también puede ser motivo de alegría. Quizá por eso soy, con @panchovarona, el tío menos cabreado tras el naufragio del Calderón. A estas alturas, nadie puede descartar que la primera victoria de un equipo griego en España, la calamidad recurrente de nuestra defensa y los crecientes nervios de San David sean el prólogo de un año apasionante. Porque los caminos del señor son inescrutables, que es la versión bíblica de Pedro Navaja.

Eso sí, Quique tiene que darle medicina a nuestra defensa y centrarse un poco en lo que quiere. Un año después, no podemos seguir señalando siempre, en cada gol, las mismas vergüenzas. Antonio, todo voluntad y Filipe, todo clase, no se hacen con el puesto porque sus todos y sus nadas son recíprocos. Domínguez no juega porque está falto de ritmo porque no juega porque está falto de ritmo porque no juega y así podría pegarse la borrica volviendo al trigo diez o doce años. De Gea anda fallón desde hace varios partidos, sus cantadas ya hubieran servido para crucificar a Asenjo, pero el chico tiene bien merecido más crédito que el Banco de España. Lo que ahora mismo no sé si es buena comparación.

Minuto uno. Con la gente en plan tu eres la alegría de mi corazón, nos dieron el primer disgusto. Cómico si no fuera trágico. De Gea, atorrijao por tercer partido consecutivo, despeja fatal es poco a la frontal del área a los pies de un griego llamado Mendrinos. El hombre remata, pero remata mal y el balón rebota en nuestro portero, que hasta ahí había llegado. De vuelta a Mendrinos, esta vez es el poste el que rechaza una pelota que le cae a Koke para que acierte con la portería con todos los nuestros descolocados. Como respondió el reo al saber que lo ahorcarían el lunes, mal empezamos la semana.

En 15 minutos las aguas volvieron a su cauce, si es que alguna vez lo han tenido en el Calderón más allá del Manzanares. Como ya es costumbre de esas cosas se encarga Agüero. Primero con un taconazo de genio, prólogo del tiro de Reyes, del poste y del remate de Forlán. Luego, por su cuenta y riesgo, después de recibir un balón largo y engañar al portero sin demasiado esfuerzo.

Situación controlada, pensamos sin hacer ni puto caso a nuestras tendencias suicidas. Pero aparecieron; en forma de agarrón de Álvaro Domínguez a un griego que acabó en penati, empate y nervios.

Lo teníamos complicado, pero ni una mijita comparado con como se nos iba a poner: un córner más tarde, el barullo acaba en un remate a bocajarro que despeja de Gea, un Tiago y cuatro defensas viéndolas venir mientras vuelven a rematar, un Godín dejándole la peor pelota de su vida al portero, un pésimo rechace con el pie y un lateral derecho griego, que en su vida se ha visto en otra, marcando el 2-3

El resto fue ese cabreo cocinado a fuego lento con el que todo el mundo salió del Calderón. Acostumbrados a los imposibles, nadie se atreve a dar por muerto a un equipo que tiene varios domingos de resurrección al año. Pero es cierto que el espectáculo de ayer ya no es para preguntar papá, ¿por qué somos del Atleti? sino, más bien, hijo, ¿por qué coño me traes al fútbol?

 
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Publicado por en 2 diciembre 2010 en La pelotita

 

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Para frotarse los ojos

ROSENBORG, 1 – ATLÉTICO DE MADRID, 2

Medio metro. Por lo menos. Era la distancia entre Agüero y el último defensa. Entre el Kun y la espalda de ese último defensa, se entiende. Un fuera de juego como una catedral que nos puso por delante en el minuto cuatro o así. Antes, Simao y Raúl García nos habían dejado el mejor cambio de banda en lo que va de temporada. De ahí al centro, a la ceguera del árbitro y al gol. Son así de malos, aquí, allá y acullá. Claro que cuando nos son torpemente favorables, duele menos.

Fue marcar el gol y empezar la siesta a la espera de un latigazo del Kun o de Costa, a lo tonto modorro el único jugador que ha estado en todos los partidos del Atleti este año. Alguna tuvimos, pero insuficiente. O no atinábamos nosotros o atinaba Örlund. Nombre de vikingazo para un portero sueco. Todo queda, más o menos, en casa.

Y nos confiamos. Nos confiamos tanto que cuando el lobo empezó a soplar, la cuatro paredes de cartón con las que Quique sostenía al equipo, se fueron al carajo: Henriksen metió el empate en una jugada en la que se juntaron nuestras habituales angustias defensivas con una insospechada cantada de De Gea. El Rosenborg se lo creyó y entre unos y otros nos acabaron dando la tarde.

Sin jugar ni a la chapas, con la clasificación chunga de cojones, el Madrid asomando la patita y el porterazo que encontramos en Illescas completando su cupo anual de fallos con una salida absuda a controlar un balón en la banda. Le quitaron la pelota, claro, y supimos que la derrota, la debacle europea y hasta la goleada en Chamartín iban a ser cuestión de que pasara el tiempo.

Si la esperanza es lo último que se pierde, el Atleti no tenía nada en el petate desde el minuto en el que Quique quitó al Kun y sacó a Forlán. A su sombra. A esa sombra que nos es peligrosamente familiar y que aún contemplamos con la esperanza de que cualquier día arranque. No puede ser que a Forlán se le olvide jugar al fútbol. Ni siquiera puede ser que se le hayan quitado las ganas. Justo eso que pareció cuando, en una cruel fotografía mental, todos lo vimos quejarse por no haber recibido el pase mientras la pelota entraba en lo que ya era uno de los goles del año: Tiago.

Porque Tiago marcó un gol de los de frotarse los ojos. Como los héroes, rescató a la chica cuando todo estaba a punto de estallar. El portugués cogió el balón en el medio campo, se fue de dos defensores, a otro más se lo quitó de encima con un caño, miró a portería y desde 25 metros, con ese último impulso del que no da más de sí, le pegó seco a la escuadra. La pelota entró, pasar de ronda es ahora todo lo fácil que para el Atleti pueden ser las cosas fáciles y hasta Forlán fue a felicitarle por el gol. Apenas tardó una décima de segundo de más en darse cuenta de que había visto una obra de arte. No es mal chico, sólo son cosas del hambre desmesurada.

 
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Publicado por en 5 noviembre 2010 en La pelotita

 

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El año que volvimos

 

 

Ya ha nacido, y tiene la cara que veis arriba. Hace año y pico empecé a contar en este blog las desdichas del equipo de fútbol del que me hizo mi madre porque la camiseta del Barça era muy oscura y la del Madrid demasiado sosa. Gracias, mamá, por hacerme del Atleti.

Ni me podía imaginar que lo ganaríamos casi todo, que acabaría llorando en Hamburgo y aplaudiendo en Barcelona. Mucho menos que a unos locos (gracias Tximi, Petón,  Josete, Óscar, Mario, Kiko, Sergio… todos) se les iba a ocurrir que ese viaje tenía que ser un libro. Y lo es. Casi 200 páginas de risas, llantos, berrinches y goles. Partido a partido, desde el debut europeo en Atenas hasta Mónaco donde el fútbol le dio a Agüero el gol que le debía.

El año que volvimos ya está en todas estas librerías. Bienvenidos a la historia de un equipo que, cuando nada era posible, se inventó la manera de volver a hacernos sonreir.

 
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Publicado por en 4 noviembre 2010 en La pelotita

 

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Cómo te habíamos extrañado

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – ROSENBORG, 0

Hay cosas, y personas, sin las que uno puede vivir décadas y jamás las echará de menos. El alcalde de Valladolid, por ejemplo. Otras sin embargo, cuando faltan, te dejan ese desasosiego del que sabe que la vida tiene que ser otra cosa. Algo mucho mejor. Es lo que pasa con el Kun Agüero. En 25 minutos, un tipo bajito y cara de haber roto todos los platos, hizo felices las 45.000 personas que tenía más a mano y a todos a quienes pillaba lejos, pero lo vieron por la tele. Porque Agüero no provoca admiración por su talento sino ilusión por lo mágico que puede llegar a ser. Con él en el campo, el Atlético vive como si todo estuviera a su alcance.

Pero para eso tuvimos que esperar una hora y cinco minutos. Un tiempo que dedicamos a hacer garritas contra un equipo que malviviría en nuestra Segunda división. Si este es el club más laureado de su país, la liga noruega debe de ser un espectáculo apasionante. No habían llegado todavía algunos al campo cuando Forlán tuvo la más clara de su noche. Un centro que fue a rematar, hizo como si quisiera hacerlo, pero el balón pasó por él cómo el sol por el cristal, sin romperlo ni mancharlo. Por no hacer, ni lo desvió un poquito: le atravesó las piernas hasta llegar a un Simao que tuvo todo el tiempo del mundo para acomodársela y rematar, solo como estaba. Y lo hizo de pena. Minuto tres y nada de nada cuando un gol nos hubiera dejado el cuerpo, a esas alturas, como una sopita caliente.

Pero el Rosenborg hacía oposiciones al descalabro y daba tantas facilidades que hasta llegamos a ver una ruleta de Diego Costa. Sé que no me van a creer. No les culpo. Todavía sorprendidos, Simao decidió no sacar su trigesimoséptimo córner corto al primer palo del año y se la puso a Felipe Luis en el pico del área. Centro de un tío demasiado bueno para ser lateral que todos intentan rematar y al que nadie llega. Pero la pelota le cayó a Reyes, y bueno estaba perdonarles una; dos era un exceso: gran centro que remata Godín para poner el uno a cero y tranquilizar un poco el ambiente.

Eso en la teoría. En nuestra práctica, el Rosenborg se vino arriba y antes del descanso, nos dejó los sustos de un poste tras el achique carajote de Perea y Godín y de un tiro raso y con mala leche que obligó a estirarse al grandón de Joel. Después del 43 con el que De Gea ganó una UEFA, en ese afán que tenemos por confundir a nuestros porteros con líneas de la EMT, Joel iba con el 27: Embajadores – Plaza de Castilla.

Empezó la segunda parte y sin que lance alguno del juego lo justificara, la grada empezó a rugir. Que te aplaudan tras un jugadón el campo debe de ser la leche, que te ovacionen cuando correteas por la banda ya no puedo ni imaginarlo. Creerán que Forlán, que tenía toda la pinta de ser el sustituído apretó el paso, ¿no? Se equivocan, amigos. El uruguayo siguió a lo suyo, que esta noche fue lo de nadie y apenas volvió a mirar a portería para malrematar un gran centro de Diego Costa. Sí, igual la pareja de delanteros de este año acaba no siendo la prevista.

Llegados a este punto, olviden todo lo anterior, que sólo habla de un partido de fútbol.

Minuto 65, sale Agüero por Forlán.
65:25, Agüero roba una pelota en nuestro campo y se la pone a Diego Costa que tenía toda la banda izquieda para correr.
65:31, Costa se lía y el balón acaba en Simao listo para un centro.
65:37, el centro lo recoge Ujfalusi que se la deja en corto a Reyes.
65:41, Reyes, grande, enorme toda la noche, aguanta el balón lo indecible hasta que Agüero da el pasito adelante que tenía que dar.
65:43, Agüero recibe el pase, esquiva a dos defensas y marca el 2-0.

Se lo dije, lo de antes era fútbol. Esto ya es otra cosa.

Si el Kun necesitó 43 segundos para marcar su gol, sólo le hizo falta un toquecito para dejar claro que ha vuelto, que viene con ganas y que podrán frenarlo las lesiones, porque las defensas rivales se le han quedado cortas. Jugaba Reyes por la derecha un balón que terminó en el control extraño de Diego Costa en la frontal. A la segunda, acertó a ponérsela a Agüero y arrancó hacia portería sin ninguna fe. Era imposible que el balón le llegara, sólo sería posible si al recibirla, el Kun acertaba a hacer una perfecta vaselina de primeras que superase a la defensa y pudiera llegarle a él. No, era imposible. Todo eso iba pensando Diego Costa cuando vio que la pelota le llegaba a la cabeza, mansita, lista para rematar un poco, tampoco demasiado, y meter su cuarto gol en cinco partidos.

Era el remate a un partido que nos deja con mejor cara en la clasificación pero, sobre todo, con la certeza de que, como decía Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.

 
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Publicado por en 22 octubre 2010 en La pelotita

 

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No tenemos remedio

Si alguien llegó en el minuto 45, y alguno a punto estuvo, no se perdió nada. Bueno sí, se perdió que el Bayer jugó sólo un poquito más que el Atleti, que tiró a puerta infinitamente más y que se fue con un gol que podían haber sido diez o ninguno. Plantear el partido sin el Kun, que sigue tocado (y Ujfalusi, dos partidos de sanción y Messi echando carreras por Kazan… y todo eso) ya nos condenaba a aburrimiento. Con Forlán otro día más dimitido y Raúl García dando diez de arena por cada una de cal, nada tenía buena pinta. A Diego Costa la habilidad futbolística, como en la mili, se le sigue suponiendo.

Cero a uno, después de un rechace y un descanso de bocata con sabor a esto no lo levante ni Dios. Sorpresa general cuando Quique dejó sentado a Forlán por Mérida y alivio al ver que había hecho lo mismo con Raúl García y Tiago. El portugués puso varios pases excelentes, sobre todo a ese cada vez menos inesperado socio que es Ujfalusi. Mérida estuvo fallón muchas veces, eléctrico otra y acabó provocando un penalti, penaltito, que permitió a Simao empatar.

Se nos cambió la cara. Durante 25 minutos creímos que aquello tenía arreglo, el Bayer se asustó y el partido se convirtió en un mónologo atlético y feliz. Con Ujfa y Felipe Luis achuchando por las bandas y un Assunçao que son diez o doce futbolistas. Está en todas y, encima, deja la sensación de acabar el partido con fuelle para hacerse una maratón.

El empate apenas nos sirve para nada, pero, por lo menos, nos dejó salir del campo con cierta cada de satisfacción: esa que teníamos desencajada cuando a falta de nada, un alemán falló solo, solito, solo un remate a puerta vacía. Un punto de seis y la obligación de ganar prácticamente todo lo que queda. Ya tenemos la UEFA donde queríamos. Lo que no tenemos es remedio.

 
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Publicado por en 1 octubre 2010 en La pelotita

 

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