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El mes del divorcio

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – HÉRCULES, 1

Mayo, mes mundial del divorcio. Se divorcia la gente de la política, Quique de Forlán, el Atleti del fútbol… Bueno, esto último ya llevaba en cese temporal de convivencia varios años.

Nos llegó el Hércules ya de Segunda, teníamos que ganarles y a puntito estuvimos de complicarnos la existencia. Marcó Domínguez cuando ni nos habíamos sentado y empezamos a sestear. No esperando el final del partido, sino el gol visitante. Que a estas alturas, para sorprender al Manzanares hace falta esforzarse un poco más.

Y llegó. No en el inocentísimo penalti de Pulido, nuevo en esta plaza, sino gracias a la parada de De Gea, un poco más tarde. Nos empató un equipo de Segunda División y hasta que Agüero no arracó con el que puede ser uno de sus últimos arrebatos de orgullo en el Calderón, no nos volvimos a poner por delante. Su jugada la remató Reyes, que nos dejó ya en Europa y a falta de saber si jugamos la previa de la previa o sólo un partido a cara o cruz del que dependerá parte de nuestro prespuesto. Así de triste es todo.

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Publicado por en 17 mayo 2011 en Sin categoría

 

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Acuse de derribo

RACING DE SANTANDER, 2 – ATLÉTICO DE MADRID, 1

Pues ya está liada. El escaso equilibro en el que se ha mantenido el Atlético de Madrid durante años gracias a la suerte, victorias muy oportunas y un tipo llamado Kun Agüero, se ha ido al carajo de golpe. La UEFA peligra, Forlán y Quique un día se dan de guantazos, lo de que nos van a desmantelar el equipo ya no es sospecha, es certeza. La buena noticia es que quedan dos jornadas y como los que tenemos alrededor también son unos mantas, igual hasta jugamos el año que viene la UEFA. Previa humillante contra algún Timisoara de por medio, claro.

De malas noticias hay una decena larga. Empezando por el derrumbe de un equipo que aún aspiraba al milagro de la Champions mientras Mario Suárez celebraba el 0-1. Como era prácticamente imposible, durante unos minutos estuvimos seguros de que el Villarreal iba a perder contra Almería, Madrid y Osasuna. El resto era cosa nuestra, ay, cosa nuestra. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que los atléticos vemos la vida con un candor que ni un niño el día de Reyes.

En efecto, fue ponernos por delante, venirnos abajo y ver como otro equipo se gana la permanencia pintándonos la cara. Que ya empieza a ser costumbre y el Hércules, que se veía en Segunda, espera con ilusión su visita al Manzanares. Lo sentimos por el resto, pero que es nos ha dado la vena generosa.

El Atleti fue una lástima y lo peor de todo esto es que estamos dando argumentos de sobra al mareo que debe de tener en la cabeza nuestro mejor futbolista. Porque vale que las sirenas le canten cada lunes alterno, pero joder, tampoco es plan de que seamos nosotros mismos los que pongamos los altavoces.

Nos hemos dejado caer y no sé cuánto tiempo vamos a durar amorcillados en tablas. Que oigan, está muy bien el rollito este del pupas, de qué desgraciaditos somos, qué penita que damos y que huevos tenemos frente a nuestras múltiples penalidades. Todo eso nos da un aire de héroes romáticos que viene muy bien para mirar por encima del hombro según qué ruedas de prensa. No lo voy a negar.

Pero que no se nos olvide que esto sólo ocurre cuando eres el tercer equipo de España en la clasificación y no en el almanaque. Tenemos que decidir si somos los perdedores que nos quedamos sin Copa de Europa cuando la teníamos en la mano o los perdedores que aspiramos a entrar en la UEFA por la gatera. La diferencia entre un gigante y una piltrafa. Que nadie se engañe con lo que somos ahora. Se trata del futuro.

 
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Publicado por en 10 mayo 2011 en La pelotita

 

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Despertares

ATLÉTICO DE MADRID, 0 – MÁLAGA, 3

La grada del Calderón lleva tantos años yendo al cine que, a estas alturas, no hay película que no le suene. No llevábamos cinco minutos contra el Málaga y todo el mundo se veía venir una tragedia sosota, de esas en las que al final casi está deseando que todo acabe mal… de una puta vez.

Perea tardó dos minutos, dos, en liarse él sólo en una esquina. Otros 18 en pedir el cambio por lesión. Y, cosas de la vida, por ahí arrancó nuestra desgracia. Domínguez y Godín se entendieron malamente, Filipe Luis sigue siendo mejor atacante que defensor, lo que para un lateral no acaba de ser del todo sano y en, resumen, lo nuestro acabó en bolero: toda una vida estaremos penando por tener una defensa de juguete.

Y así llegaron dos goles clavaditos: malagueño que se escapa por su banda derecha, la izquierda de nuestros pesares, centro al área, mirada entre atenta y afectuosa de nuestros defensas y remate de cabeza de un par de señores, que pudieran ser gemelos y que, la verdad, nos hubieran hecho un apaño esta temporada.

En seis minutos la tontería ya no tenía remedio. Así somos, toda la semana soñando con la catástrofe imposible del Villarreal sin darnos cuenta de que lo catastrófico somos nosotros mismos. Para qué coño apuntaremos tan arriba, con la de veces que el tiro nos sale por la culata y nos acaba dando en un huevo.

Lo triste del partido no fue que el Málaga se pusiera 0-2, eso le pasa a cualquiera. Lo trágico es que, el que todavía soñamos con que vuelva a ser el tercer equipo de la España bipolar, ni siquiera aspiró a empatar contra un club que se jugaba la permanencia.

Salió Forlán por Raúl García para provocar el hecho histórico de que se pitara en la misma medida al que salía, al que entraba y al cambio en su mismidad. Raúl ya había hecho todo lo que tenía que hacer, que era muy poquito. Forlán volvió a escenificar esa rabieta que justifica el ni un balón a la rubia y todos sabíamos que el cambio era tardío e inútil.

Esta vez, ni tuvimos a Agüero. Lo intentó un par de veces, pero no tuvo ni balones ni la magia que otras veces le hace ser un superhombre. Fue el compañero Miguel el primero en ponerle letra a la canción que todos tarareábamos: Sin Kun no soy nada.

Con la cabeza de los nuestros ya en todos los sitios menos en esa precisa hectárea del Manzanares, el Málaga aún tuvo tiempo de meternos el tercero. Nos dejó humillados y despiertos. Que es lo peor que se le puede hacer a un equipo acostumbrado a vivir con más sueños que verdades.

 
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Publicado por en 8 mayo 2011 en La pelotita

 

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Puestos a soñar…

DEPORTIVO DE LA CORUÑA, 0 – ATLÉTICO DE MADRID, 1

¿Recuerdan cuando el Deportivo de la Coruña remontaba de manera heroica al Milán? ¿Cuando le amargaba la vida al Madrid? ¿Cuando salían deportivistas en Badajoz y se cantaban sus goles en Molina de Aragón? Pues nada de eso existe ni tiene pinta de volver a existir. El Depor es a estas alguras un equipo muy menor, gestionando por un Lotina que más que entrenar achica agua y con una delantera incapaz de meter más de 27 goles en toda la temporada. De toda la liga, sólo el desahuciado Almería tampoco ha sido capaz de sumar los goles que llevan Messi o Cristiano por su cuenta. Y, para que se hagan una idea, los andaluces tienen cuatro más que el Depor.

Y aún así nos costó un parto. Durante gran parte del partido, el Atlético se enfrentó a ese tipo de noche en la que a la mínima todo se va al carajo. Sin mucho aporte de Diego Costa, el Kun volvía a ponerse al frente de la manifestación para sacarnos de la tristeza en Riazor. Valga la redundancia. Para que la sensación de miedo fuera completa, se nos había alistado como titular por 201 vez (204 apariciones, el que más) Luis Amaranto Perea. Un par de pereadas estuvieron a punto de costarnos el partido y confirmaron que el chico es un killer del área en propia puerta.

Salimos vivos de ellas y en mitad de lo pastoso que se estaba poniendo el partido, la expulsión de Lopo por abatir al Agüero nos aclaró el panorama. Quique sacó a Juanfran y Forlán. El uruguayo apenas disimula el cabreo y sale del banquillo con la certeza de que se va a tirar a puerta cualquier balón que caiga en sus pies. Necesita con urgencia un gol para vengarse de esa afición que ha cometido el delito de dejar de idolatrarle. Un gran jugador ofuscado es un jugador mediocre. Y alguien debería decírselo.

Pese a todo, Forlán sigue teniendo la clase suficiente como para devolver de tacón a Juanfran una pared que fue el prólogo de nuestro gol. El extremo se enredó con la pelota dentro del área, pero fue capaz de hacérsela llegar al Agüero para que terminara marcando. Un gol del Kun que nos pone a soñar. Lo que, bien mirado, no ha dejado de ser su trabajo en los últimos cinco años.

 
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Publicado por en 1 mayo 2011 en La pelotita

 

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Las cuentas de mayo

ATLÉTICO DE MADRID, 4 – LEVANTE, 1

Parece mentira que el Levante ande con semejante desahogo por la Primera división habiendo otros que tanto están pasando. La propuesta que trajo al Calderón el tercer mejor equipo de la segunda vuelta era muy propia de las fechas: hostia va, hostia viene. A los dos minutos una patada nos cortó el cuerpo a todos los que habíamos escapado a tiempo del atasco: se la dio su Juanfran al nuestro y a todos nos pareció que, sin cuatro titulares, Quique iba a tener que inventarse otro cambio más en un momento.

Porque faltaban Godín, Reyes, Koke y Tiago. Unas asuencias que en defensa se suplen con cierta seguridad, pero en la media te dejan con Raúl García y Elías de titulares. Temiéndote lo peor. Habían pasado 20 minutos más largos que un día sin pan cuando tenemos una falta en la frontal. Con Agüero y Filipe en perfecto estado de revista, Elías empieza a rondar a la pelota. Si digo que un 1% del estadio confiaba en que la cosa acabaría bien estaría exagerando una barbaridad. Casi estábamos empezando a pronunciar el tan poco extraño se veía venir, cuando ni se vio ni vino: Elías clavó un golazo por la escuadra que, además de lógicamente sobrecogernos, dejaba el partido de cara.

Hasta que nos dio la gana. Con Mario Suárez creciendo al mismo ritmo que Raúl García menguaba, lo que menos nos hacía falta era que el chaval se llevara por delante a Caicedo en el área. Penalti que el muy fichable delantero del Levante marcó para que nos fuéramos al descanso entre el desasosiego y el miedo cerval a irnos a casa con cara de tontos.

Lo evitó, claro, el Kun: cogió un balón en el centro del campo, avanzó unos metros, trazó la definición acústica y visual de lo que es un cañonazo, el balón rebotó en dos defensas, volvió a caerle y el Vicente Calderón escuchó de nuevo el ruido seco que hace un balón cuando sabe que va a ser gol. Con el partido controlado, un penalti a Diego Costa permitió al Kun meter el tercero cuando todavía quedaban 20 minutos.

Quique entonces hizo algo incomprensible: en lugar de quitar del medio a Agüero, que con el partido resuelto sólo podía llevarse una desgracia, sacó del campo a Juanfran y metió a Forlán. Tuvo tiempo el uruguayo de hacer dos cosas, y las dos mal: una es no haber perdido la costumbre de tirar a puerta todo balón que le cae en los pies, como si el alma que se le quedó dormida en algún sitio pudiera despertarse a pelotazos. La otra, la que le deja sin excusas, fue fallar un mano a mano con el portero a pase del Kun. Cuando Forlán diga al fin que se va, hará mucho tiempo que ya se habrá ido.

A todo esto, el partido se seguía jugando, y un córner cerrado sirvió para que Munúa, presionado por Raúl García, se metiera el 4-1 que nos deja, y más con estos resultados, muy cerquita de la Europa League y aún, ¡aún!, soñando con la Champions. A última hora, con fatiguitas y haciendo más cuentas que para una Renta a devolver. Así nos vamos a pasar mayo entero. El Atleti, que somos todos, pero algunos más que otros.

 
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Publicado por en 25 abril 2011 en La pelotita

 

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El termo de café

ATLÉTICO DE MADRID, 3 – REAL SOCIEDAD, 0

Empezó el partido revuelto. Mucha gente muy harta de quienes dirigen el cotarro se juntó fuera de estadio para que todo el mundo se enterase. Se enteró casi todo el mundo, lo que no deja de ser un paso. Sobre el campo, la Real Sociedad vino con muy poquita cosa a jugar al Calderón.

Diego Costa, titular porque cualquier otra cosa hubiera sido una injusticia bíblica arrancó peleón, como siempre, pero además dejó un detallazo que supuso el 1-0: pase de tacón a Filipe que, de frente y en carrera, fusiló a Bravo. Poco más de diez minutos de partido y estábamos con una placidez impropia de nosotros mismos.

Costa, muy en plan titular, aún tuvo otra. Fue tras un pase genial del Kun Agüero, valga la redundancia, que lo dejó solito frente al portero rival. Tiró bien, pero se a Bravo le dio tiempo a rozarla y se fue al palo.

Andábamos recordando la decena larga de veces que en no demasiado tiempo nos hemos complicado la vida con el marcador a favor cuando Reyes se encargó de quitarnos tanta tontería de la cabeza. Cogió un balón en la banda izquierda, avanzó hasta la línea de fondo y, ahí, sin despegarse mucho de ella, dejó sentado literalmente a Carlos Martinez, sin tocar el balón, para poner luego un pase atrás perfecto a Mario Suárez. El chaval sólo tuvo que rematarla, casi de tacón, para meter el 2-0 justo al filo del descanso.

Sobró la segunda parte. Si acaso, nos dejó la certeza de que Forlán está en su propia guerra y Agüero un paso por delante, o diez o doce, de todos los demás. El primero tiró a puerta cada balón que le cayó cerca. Hasta una falta en la frontal del área que miraban Reyes y el Kun con ojos golosones. El otro, en un día bastante gris para ser él, se fabricó por su cuenta la jugada del 3-0: aprovechó el error de un defensa para cogerle la espalda en el medio campo, recorrió 50 metros hasta la portería con el balón pegado al pie y, como vio que Forlán no llegaba, la tiró ajustada al palo derecho de Bravo.

Con esto y una palomita de De Gea dejamos cerrado un partido en el que Mario y Tiago demostraron que igual hasta tenemos medio campo. Lo que nos falta es tiempo. Como los malos estudiantes, el Atleti tiene que agarrarse otra vez al termo de café para recorrer a última hora el camino que ha tenido todo un curso para andar. Ahora llegan las apreturas, las prisas y la necesidad de no fallar nada de nada hasta llegar al examen de final de mayo. Ese que nos puede colocar en Europa por la puerta grande o la pequeña. De ese tamaño dependen tantas cosas…

 
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Publicado por en 10 abril 2011 en La pelotita

 

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Fakires en el Sadar

OSASUNA, 2 – ATLÉTICO DE MADRID 3

Toreros, lo que somos es unos toreros. Le tocaba al Atleti visitar el campo que peor se le ha dado en la historia reciente, había que hacerlo con los antecedentes que tienen en la entrada de más abajo y todos en la memoria desde el año que bajamos a Segunda, no había otro remedio que jugar sin el Kun. Con esos ingredientes, Quique se pone flamenco, más aún, y deja a Forlán en el banquillo para sacar de titular a Diego Costa. Y encima, le sale bien. Los guionistas de Perdidos no han dejado de fumar porros, sólo es que se han venido a liárselos bajo el puente de Praga.

Salvo gente de fe inquebrantable, como @jesussalido, mentiríamos al decir que teníamos la más mínima confianza en algo que no fuera una derrota. Porque una cosa es hacer el indio en la delantera porque Forlán tampoco está para tirar cohetes y otra más seria es poner una defensa con Perea y Antonio López de titulares. Obviamente, el Osasuna aprovechó el alma cándida que teníamos en el lateral izquierdo para abusar una y otra vez con centros que antes o después tenían toda la pinta de acabar en catástrofe. No fue tan pronto como merecimos porque en la misma jugada De Gea paró dos tiros a bocajarro y despejó con las piernas un pase de la muerte mientras nuestra defensa no hacía aguas, sino diluvios. Al chaval lo quieren vender. En efecto: estamos todos gilipollas.

Era esa o era otra, y fue la siguiente: media hora de partido, y Sola remató a la escuadra un centro, esta vez, de Cejudo. Antono López observó la jugada sin perder detalle, Perea no compareció y Godín, cambió de ritmo, de lento a superlento, para estar en el sitio adecuado pero un par de segundos más tarde de lo que debía.

Uno a cero y recurrimos al manual del perfecto paria ese que tenemos con el lomo ya hecho una lástima a base de resobarlo. Manos en los bolsillos, mirada al suelo, lluvia en el cogote, el pack completo. Después de quince días así, empezábamos a asumir que teníamos por delante una semana que no iba a ser muy diferente salvo por el cierto consuelo de que el mundo madridista tampoco anda de fiesta gracias a De las Cuevas, el destino, Mourinho, Preciado y un señor de Córdoba que, sin saberlo, activó la tragedia blanca, efecto mariposa de por medio, al pedir una de bravas.

De pensar en el mal de muchos nos sacó Diego Costa con un gol insospechado. No porque no lo mereciéramos, que no, ni siquiera por falta de fé en el chico, que tampoco, el empate fue insospechado por su factura. Tras un pase tremendo de Juanfran, solo ante Ricardo, allá donde Forlán se aturulla y la manda fuera, allá donde Agüero hay veces que se hace la picha un lío por querer regatear cinco veces al portero, Diego Costa miró el hueco y la clavó con una frialdad que, al contrario que en la mili, no le suponía ni Dios.

Así nos fuimos al descanso, con media sonrisilla y el escandaloso dato de que Costa ya era en ese momento bastante más efectivo que Forlán si tenemos en cuenta los minutos jugados por cada uno. Y la cosa no había hecho más que empezar.

Con todo, la segunda parte empezó un poco regular: Kike Sola la tiró fuera de milagro, el ciudadano Borbalán se tragó una roja directa para el que abatió a Juanfran cuando se iba solo y el cuarto de hora estaba empezando a durar hora y media.

Precisamente entonces llegó el segundo. Esta vez es Raúl García el que le pone un pase como un cortijo con papeles a Costa para que, otra vez, defina estupendamente. Que lo estoy escribiendo y me está saltando el propio corrector del windows como un loco ofreciéndome todas las alternativas gramaticales para esa frase menos la que ha ocurrido de verdad.

Tres minutos más tarde, te jodes Bill Gates, otra vez Diego Costa. Tercer gol. Todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de fama y para desgracia de Osasuna, al chaval le han tocado precisamente esta tarde. Hat-trick que pudieron ser cuatro si a Reyes no le hubiera podido la avaricia: se fue el sevillano solo hacia Ricardo, como un calco de la jugada del penalti a Juanfran que nunca existió. Sólo que esta vez el final fue más absurdo si cabe: si entonces Borbalán no vio nada, ahora vio penalti cuando era falta a metro y pico del área. A Reyes, decía, le pudo la codicia y falló un penalti que tenía que haber hablado portugués. Ya puestos.

Osasuna se vino arriba y apareció Perea, que no es malo, es que lo han dibujado así. El hombre hizo una falta estúpida en la frontal del área que sacada por Osasuna, acabó despejada de puños… ¡por Tiago! Penalti que Nekounam no tuvo la gentileza de fallar y a pasar diez minutos de penalidades.

Las pasamos, porque el rollo del águila, el hígado y Prometeo es para nosotros un capítulo de los Osos Amorosos, pero la roja directa a Sergio por intentar hacerle a Costa una boca nueva con el codo evitó la angina de pecho. La cosa quedó en un par de tiros en contra, miedo permanente a cagarla y un alivio infinito tras cuatro minutos de descuento que pasamos, fieles a nosotros mismos en plan fakires. Jugando con fuego.

 
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Publicado por en 4 abril 2011 en La pelotita

 

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