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Para volvernos a ir


Esta vez no ha sido solo, sino en compañía de otros. El año que volvimos nos hizo felices. El siguiente, el que acaba de terminar, nos ha dado para conocer hasta la última curva del camino que va del cabreo a la pena negra. Y vuelta.

Como uno empieza a escribir en agosto sin saber si acabará llorando en Alemania o en casa de la propia mala leche, nos ha caído encima junio y este blog ha vuelto a tener almacenadas todas las aventuras, pocas, y las desventuras, una barbaridad, del Atlético de Madrid durante la última temporada.

Como les decía, esta vez no he estado solo en la faena. Para volvernos a ir además de un catálogo de mis propios lamentos incluye cerca de 40 paginazas escritas por lo más granado del pueblo atlético. Les cuento: Menottinto, Barahona, toda la gente de Esto es Atleti, Javi Gómara, Matallanas, Fran Guillén, Jorge Olmos, Pepe Orantos, Jorge Ordás, Petón, José Antonio Vallés y Juanjo Palomo nos cuentan cómo ven el panorama de nuestro equipo. Merece la pena leerles, palabrita. Ah, y no me olvido de lo más evidente, la portada que están viendo es obra de Rubio y Emi, dos cracks que luego los verán entrevistar en algún periódico y caerán en la cuenta de que los conocieron aquí.

El precio de Para volvernos a ir es exactamente cero. Gratis. Free. By the face. Sale con una licencia Creative Commons que les permite copiarlo y enviarlo a quienes crean oportuno. Preferiblemente aficionados del Atleti, aunque no deja de tener su punto dárselo a alguno que me estoy imaginando.

Pueden descargarse el libro completo en estos formatos:

Para volvernos a ir  en PDF. 1.6 MB. ‘Botón dcho + Guardar enlace como’ si se lo quieren quedar para siempre. Recomendado.

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Para volvernos a ir en EPUB para Iphone, Ipod e Ipad. Versión 100% funcional.

Para volvernos a ir para Kindle. Amazon me obliga a cobrar 3.44$ por el libro (0.99€ en la versión UK que no permite comprar ebooks desde España) Ya les he avisado de que se puede obtener gratis y que, por lo tanto, lo dejen en 0€. Si tienen a bien, díganselo también en este enlace. Mientras lo hacen o no, el 35% que se supone que me llevo del precio prometo no dedicarlo a nada bueno. Avisados quedan)

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Sinceramente, espero que les guste.

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Publicado por en 6 junio 2011 en Juntaletras, La pelotita

 

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Tradiciones navideñas

ATLÉTICO DE MADRID, 1 – ESPANYOL, 0

Dice una de esas tradicionales supersticiones navideñas que nunca acabaré de comprender que es importante llegar bien al cambio de año, porque según recibamos al que llega, así estaremos al despedirlo. No me lo creo, sobre todo, porque estaría dispuesto a jurar que algunas uvas yo me las llegué a comer con pelo. Un drama.

Pero si todo eso fuera cierto, podemos decir que el Atleti ha hecho sus deberes en casa después de dejarse la copa, el prestigio y hasta el buen gusto por esos campos de Europa.

Este partido de ida, curiosamente, era el de dos vueltas. Volvía el Espanyol, ese con el que acabamos tarifando y perdiendo  hace un mes escaso. Y volvía a ser titular Forlán, después de haberse pegado el viaje a Málaga en balde este fin de semana. Que el AVE es cómodo, mucho, pero también son ganas de acumular puntos en la tarjeta de forma tonta.

Volvió Forlán y nos duró 12 minutos. Lo que tardó en pisar un aspersor, hacerse un esguince de tobillo y dejar su sitio a Diego Costa. Nos va la marcha.

A nosotros y a Fernández Borbalán, al que le dio por pitar un penalti por mano de Amat que mano era, fuera del área, tiene toda la pinta. Marcó Simao, para recordarnos que con su venta al Besiktas a cero euros, esto son rebajas y lo demás gilipolleces, también se nos va un tío fiable en esas faenas.

Tuvimos la cosa de cara hasta que Reyes se fundió a negro. Si a este chico le iluminara la cabeza la misma luz que le ilumina las piernas, sería premio Nobel de Física cada año impar. Minuto 43, el sevillano con la pelota. Le persigue Dátolo que en un mismo movimiento le da dos patadas, lo tira al suelo y le pega un balonazo en la espalda.  Y ahí Reyes, que como el soldado que pedía al capitán que no le tocara las palmas, también se conoce, se levantó como un mihura contra los riñones del argentino. Seguro que no le hizo daño, seguro que ni siquiera quiso, pero se trata de uno de los billetes destino vestuario más evidentes que he visto en mucho tiempo. Hay cosas que no se hacen, ni aunque te hayan tocado tanto los cojones.

Con 10 y sin Reyes, nos agarramos a lo que tenemos. Que son De Gea y el Kun. El primero hizo paradas de las suyas, justo esas que se producen cuando el estadio entero está diciendo ay, ay, ay encogidito en la butaca. El otro se hizo dueño de las dos hectáreas de campo que le tocaron en herencia tras la expulsión. Se hizo dueño con escrituras y todo, se entiende. Atacábamos en tridente: por la izquierda Sergio, por la derecha el Kun y por el centro Agüero.

Cuando Borbalán igualó la cosa y echó a Víctor Ruiz por una entrada al de siempre, lo peor que nos podía pasar nos pasó: no marcamos ni el segundo ni el tercero. El tiempo que quedaba sólo sirvió para despedir a Simao, que se va por ese malvender capitanes en diciembre que estamos convirtiendo en tradición atlética.

 
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Publicado por en 23 diciembre 2010 en La pelotita

 

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Buen karma

MÁLAGA, 0 -ATLÉTICO DE MADRID, 3

El Karma, según lereles místicos no mayoritarios en esta, Mispaña, es una especie de ley de la compensación. Algo así como el cielo, pero en plan cortoplacista: si eres bueno, ya no tienes que esperar a la otra vida porque en esta misma te llevas el premio. Pues eso, que después de la eliminación europea, de haber llorado por las esquinas que ya no seremos bicampeones de la UEFA y de todo lo demás, el destino nos ha agradecido el haber hecho feliz a un pueblo tan castigado últimamente como el griego. Esta tarde, enfrente no teníamos un equipo, teníamos una excursión de madres ursulinas.

Y aún así, más 20 minutos nos costó superar a un Málaga que, para que nos entendamos pronto, es ese equipo de la Primera división española que defiende a balón parado peor que nosotros. Un poema. Centró una falta Simao, que ha sido saberse compañero de Guti y empezar a levantar balones, llegó a la pelota Tiago y cabeceó un 0-1 abrumadoramente tranquilizador. Lo que teníamos enfrente no iba a ser capaz de marcarnos dos goles así empezaran a llover petrodólares sobre la Rosaleda en ese instante.

Nosotros tranquilos y ellos incapaces, la primera parte terminó convertida en ese tostón tan extraño a nosotros, que tenemos romo el filo de la navaja a base de pasearnos sobre él.

Pero acabó el descanso y el Málaga salió con lo único que podía ponernos enfrente: sus ganas y a Duda, un tipo que todavía no me explico cómo no ha terminado en un equipo más grande. Eso y nuestra habitual caraja de eh, que todavía no se vale, fue suficiente para acojonarnos un rato.  El que tardó Simao en tener otra falta lista para centrar. Sacó el portugués, la pelota fue a parar a Tiago que en lugar de rematar, se la puso a Domínguez. Después de pasarlo mal, sale el chaval de titular y marca. Buen karma, ya digo.

Un par de minutos más tarde, otra falta, otro balón hablando portugués y esta vez Tiago remató, también de cabeza, el tercero ante la mirada atenta de la defensa malaguista y cabreada de su portero. Sólo el pueblo atlético tenía buena cara en Málaga. Y no dejó de tenerla, porque el partido se diluyó sin mucho alarde.

Quique quitó a Agüero con media hora por delante. Lo justo y necesario. Fuera de casa, ojo, porque robarnos minutos del Kun en el Calderón no tiene perdón de Dios. Forlán vio todo el partido en el banquillo porque Quique probó con un 4-3-3 que no nos deja las vergüenzas del medio campo al aire. Diego Costa salió a hacer su fútbol. Ese fútbol. La cosa terminó y mi equipo acaba el año mirando hacia arriba más que hacia abajo. Fuera de Europa, pero con ganas de marcha. En un rato, el Espanyol, a jugarnos las copas.

 
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Publicado por en 19 diciembre 2010 en La pelotita

 

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El año que volvimos

 

 

Ya ha nacido, y tiene la cara que veis arriba. Hace año y pico empecé a contar en este blog las desdichas del equipo de fútbol del que me hizo mi madre porque la camiseta del Barça era muy oscura y la del Madrid demasiado sosa. Gracias, mamá, por hacerme del Atleti.

Ni me podía imaginar que lo ganaríamos casi todo, que acabaría llorando en Hamburgo y aplaudiendo en Barcelona. Mucho menos que a unos locos (gracias Tximi, Petón,  Josete, Óscar, Mario, Kiko, Sergio… todos) se les iba a ocurrir que ese viaje tenía que ser un libro. Y lo es. Casi 200 páginas de risas, llantos, berrinches y goles. Partido a partido, desde el debut europeo en Atenas hasta Mónaco donde el fútbol le dio a Agüero el gol que le debía.

El año que volvimos ya está en todas estas librerías. Bienvenidos a la historia de un equipo que, cuando nada era posible, se inventó la manera de volver a hacernos sonreir.

 
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Publicado por en 4 noviembre 2010 en La pelotita

 

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La victoria pastosa

ATLÉTICO DE MADRID, 2 – GETAFE, 0

Para ver la jugada desde cerca. Como el que ha tenido la suerte de comprar una entrada de las caras. Para eso quedó Forlán en el segundo gol. Ese en el que Diego Costa remata de forma eficaz un buen pase desde la línea de fondo de Valera. Ahora relean la última línea. Otra vez. Bien, sigamos.

Tres puntitos contra el Getafe son una gran noticia. Más si el líder palma contra el Barça y eso nos da para seguir ahí arriba. En esa zona de la clasificación en la que una derrota es un disgusto y no un holocausto. Burla burlando se nos han ido siete jornadas de liga y no hemos tenido que mirar para abajo ni para comprobar si tenemos los zapatos limpios.

Empezó el partido con el minuto de silencio más largo y respetuoso que recuerdo en el Calderón. Se nos ha muerto Arteche esta semana. Tenía 53 años. La vida, a veces, es así de hija de puta. Con coraje y sin acierto nos pegamos casi toda la primera parte jugando contra un Getafe tan disfrazado de Club Deportivo Toledo que jugaba su mismo fútbol. Nosotros éramos el Illescas, no se vayan a creer.

Por lesión de Agüero y deserción moral televisada de Forlán, Diego Costa era nuestro único delantero centro. Nos va la marcha. El muchacho le pone más ganas que nadie, es peleón, trotón y noblote. Pero no le llamó el Señor por el camino de la habilidad. Sin el balón, demasiadas veces está donde no debe. Con él, la jugada tiende al caos. Costa corre a trompicones, se la lleva de milagro y acaba aturullándose en el peor momento posible. Por si fuera poco, aparatoso y grande que es, cada enganchón con un rival acaba en falta en contra.

Con un partido así de pastoso, sólo una falta podía sacarnos del bostezo. La hubo, la tiró Simao, dio en el poste, rebotó en la espalda de Codina y después de todo eso, entró. 1-0. Me gustaría decir que gracias al gol el partido se espabiló, pero no hay necesidad de mentir.

La cosa sólo mejoró algo cuando Forlán entró por Fran Mérida. No porque el uruguayo hiciera más que el catalán, sino porque da más miedo. Con dos delanteros, el Getafe se amilanó, que es acojonarse pero con estudios, y tuvimos alguna ocasión más. Reyes la llevaba buscando toda la tarde y la encontró: colocó un enorme pase a Valera para que ocurriera todo eso que les contaba al principio. Que sí, que es verdad. Lo juro.

 
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Publicado por en 16 octubre 2010 en La pelotita

 

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No tenemos remedio

Si alguien llegó en el minuto 45, y alguno a punto estuvo, no se perdió nada. Bueno sí, se perdió que el Bayer jugó sólo un poquito más que el Atleti, que tiró a puerta infinitamente más y que se fue con un gol que podían haber sido diez o ninguno. Plantear el partido sin el Kun, que sigue tocado (y Ujfalusi, dos partidos de sanción y Messi echando carreras por Kazan… y todo eso) ya nos condenaba a aburrimiento. Con Forlán otro día más dimitido y Raúl García dando diez de arena por cada una de cal, nada tenía buena pinta. A Diego Costa la habilidad futbolística, como en la mili, se le sigue suponiendo.

Cero a uno, después de un rechace y un descanso de bocata con sabor a esto no lo levante ni Dios. Sorpresa general cuando Quique dejó sentado a Forlán por Mérida y alivio al ver que había hecho lo mismo con Raúl García y Tiago. El portugués puso varios pases excelentes, sobre todo a ese cada vez menos inesperado socio que es Ujfalusi. Mérida estuvo fallón muchas veces, eléctrico otra y acabó provocando un penalti, penaltito, que permitió a Simao empatar.

Se nos cambió la cara. Durante 25 minutos creímos que aquello tenía arreglo, el Bayer se asustó y el partido se convirtió en un mónologo atlético y feliz. Con Ujfa y Felipe Luis achuchando por las bandas y un Assunçao que son diez o doce futbolistas. Está en todas y, encima, deja la sensación de acabar el partido con fuelle para hacerse una maratón.

El empate apenas nos sirve para nada, pero, por lo menos, nos dejó salir del campo con cierta cada de satisfacción: esa que teníamos desencajada cuando a falta de nada, un alemán falló solo, solito, solo un remate a puerta vacía. Un punto de seis y la obligación de ganar prácticamente todo lo que queda. Ya tenemos la UEFA donde queríamos. Lo que no tenemos es remedio.

 
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Publicado por en 1 octubre 2010 en La pelotita

 

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Cuando el gato no cae de pie

VALENCIA, 1 – ATLÉTICO DE MADRID, 1

De tanto dar zarpazos panza arriba, nos acabamos arañando nosotros mismos. No era demasiado normal que el Valencia perdiera este partido. Marcamos, sí. Los primeros, también. Eso ayuda. Tener a De Gea entre los tuyos tampoco es asunto menor. Todo eso es cierto, pero cuando permites que un equipo con Soldado, Adúriz, Joaquín, Pablo Hernández y Mata te taladre durante 45 minutos, antes o después te vas a acabar comiendo un gol.

Forlán y Ricardo Costa cruzaron sus destinos dos veces en cosa de diez minutos. El uruguayo dio una de cal y otra de arena. No como el portugués, que lo hizo todo mal. Primero fue un pase: Forlán pone el balón 60 metros adelante para Antonio López. Si Costa hubiera sabido por dónde le venían los tiros, probablemente hubiera despejado. Como no fue el caso, el dueño de nuestro lateral izquierdo mientras Filipe Luis no pueda decir lo contrario, se encontró una pelota plácida que ceder a Simao, que entraba, remató y puso por delante a un equipo del que lo mejor que se podía decir hasta entonces es que había aguantado muy dignamente el chaparrón.

La buena fue muy buena… pero la mala tampoco desmereció, no crean: luchaba Forlán un balón aéreo con uno de los tres Costas que había en el campo, el único europeo y no doy más pistas, cuando se la llevó con todo el señorío del mundo. La descoordinación entre César y su defensa fue de tal calibre que superar a uno fue superar a ambos. Forlán sólo tenía que empujarla, colocársela, hacer lo que le diera la gana para que la pelota cruzara el escaso trecho que supone el área pequeña. Pero intentó controlarla, si alguien sabe para qué, que lo diga ahora, y se le fue larga.

Con Agüero en Madrid, Reyes se convirtió en nuestro lugar natural al que mandar la pelota. Él enloquecía con solvencia las jugadas y Mathieu solventemente se volvía loco tras sus tobillos. Tuvieron que cambiarle. Iba a camino de convertir a Gurpegi y Ujfalusi en dos hermanitas de los pobres. Pero esa luz también se apagó mediada la segunda parte, cuando llevar un balón hasta César era una heroicidad que no corríamos el riesgo de cometer.

A partir de ahí, David De Gea, que rima con Club Atlético de Madrid. Bueno, debería. Se ha hecho mayor, ya le dejan hacer entrevistas y no hay quién lo pare. Tres o cuatro veces dejó con las ganas a un estadio incapaz de creer que no había sido gol. Cierto que la defensa estuvo seria, porque una cosa es que el Valencia dominara escandalosamente la segunda parte y otra que pasáramos miedo, que no fue mucho. Pero cuando ellos lograban tirar, De Gea siempre salió al rescate.

Quizá pudo haber hecho algo más en el gol. Quizá todos pudieron en esa jugada que a trompicones llevaron Albelda y Pablo Hernández por la banda derecha, que el primero de ellos centró y que remató Adúriz, un tipo que mide lo mismo que Perea pero que en el salto parecía Gasol. Entró la pelota, era el minuto 83 y, a partir de ahí, si algo podía pasar sería malo.

Tuvimos la suerte de que no pasó y empatamos en un campo en el que un empate son casi tres puntos.

 
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Publicado por en 23 septiembre 2010 en La pelotita

 

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